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lunes, 13 de septiembre de 2010

UN PEZ QUE COME MADERA


Una de las muchas expediciones internacionales que estudian  la ciencia  ha sido la descubridora de un animal acuático de río que come madera, es decir un grandioso o pez gigante que vive en los ríos de  la región de la Amazonía peruana, que se come los troncos de los árboles arrastrados por el río.
 Al igual que ha sido descubierto por la expedición científica, el pez carachama gigante ya era popular  entre la gastronomía indígena de la población de las  regiones amazónicas peruanas.
 Su nombre científico es Pseudorinelepis genibarbis.
   Carachama sa Carachama, es un pez que vive en los ríos de la selva peruana, alojado en las “cochas” o partes pantanosas pegadas a la orilla. Este animal se caracteriza básicamente por dos cosas : su extraordinario valor nutritivo (alta concentración de fósforo) y su aspecto tenebroso a primera vista.
 Sin dimensionar éste último punto, éste pez es parecido a los de la era de los dinosaurios, claro, en menor tamaño.
    Posee un color gris oscuro, casi negro, con gruesas escamas como una armadura medieval, ojos negros y hundidos, cabeza achatada y triangular.ignifica ¨Sin costillas¨, este nombre es debido a la ausencia de costillas tras la sexta vértebra central, es de cuerpo gris amarronado, con escamas motas megras de tamaño considerable, este color varia de acuerdo al hábitat de gris claro a marron grisaseo, también posee escamas motas en el vientre, menos en la cabeza.
Tiene un tamaño aproximado de 36,5cm, pero pueden llegar a rondar los 50cm. Su alimentación es omnívora, tales como gránulos, artemias, larvas, detritus, etc, pero esta vez se ha descubierto una de las especias que se alimenta de madera.
Permanecen la mayor parte del tiempo en zonas oscuras, de hábitos eminentemente nocturnas, es muy extraño verlos en movimiento por eso se parece mucho a una piedra, la realidad de su comportamiento es muy pacificó y timido a pesar de su aspecto y tamaño.
El animal, al que los pobladores indígenas denominan carachama gigante, se caracteriza por tener los dientes en forma de cuchara para raspar los troncos de árboles que caen al agua. Los investigadores, financiados por la Fundación Nacional de Ciencia (NSF, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, extraerán tejidos de uno de los ejemplares hallados vivos para analizar la genética de la nueva especie. Una pormenorizada descripción de sus descubrimientos se dará a conocer en diciembre en la revista científica Copeia.

Paulo Petry
Investigadores muestran la nueva especie descubierta
El pez fue descubierto durante una expedición realizada en Alto Purús entre el 21 de julio y el 3 de agosto pasado para identificar la vida acuática en los ríos de la zona, Purús y Yurús. El animal tiene unos 70 centímetros de largo y dientes con forma de cuchara para raspar los troncos de los árboles, un patrón de dentición propio de los peces que comen madera.
Esta especie de pez era conocida con el nombre de carachama gigante por los pobladores indígenas de la zona, quienes la cazan para su alimentación. "La carachama se alimenta de crustáceos, detritus, restos vegetales y algas que hay en el fondo de las cochas (lagos) y del río, y de madera en proceso de descomposición por el agua. Tiene un hábito alimenticio superior al resto de su competencia", ha explicado Arsenio Calle, jefe del Parque Nacional Alto Purús.
Una docena de especies
Calle ha añadido que especies similares fueron encontradas anteriormente en la selva de la región de San Martín, en el nordeste peruano, por científicos del país. Se cree que existe alrededor de una docena de especies de peces que comen madera distribuidas en las grandes cuencas hidrográficas de Sudamérica. La mala noticia es que muchas de ellas son endémicas, con grupos muy reducidos. Expertos peruanos también estudiarán el estado de conservación del nuevo pez durante los meses de julio a septiembre del próximo año, período en que se vacían los ríos debido a la ausencia de lluvias.
El Parque Nacional Alto Purús, donde habitan algunos indígenas en aislamiento voluntario y una gran variedad de las aves más grandes del planeta, se encuentra entre las regiones de Madre de Dios y Ucayali, en la selva peruana fronteriza con Brasil.

Paulo Petry, integrante del equipo científico y profesor asociado del Departamento de Ictiología del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard sostuvo que de los ejemplares encontrados se extraerán tejidos para analizar su genética. “La descripción formal de la especie se dará a conocer en diciembre próximo”, indicó en el portal Globo Amazonía.
El investigador adelantó que los peces hallados tienen un patrón de dentición único que corresponde al grupo de especies que consumen madera. Sin embargo, refirió que el ejemplar encontrado es el de mayor tamaño que se conoce, pues mide 70 centímetros de largo.
Petry dijo que los indígenas del Alto Purús ya conocían la especie y la llaman carachama gigante.
La gente dice que el dichoso pez es conocido en la selva desde épocas ancestrales, no solo conocido como "carachama" sino como "cashca" en otros lugares del Marañón como Jaén y Bagua. Su comercialización es activa en los mercados selváticos y esta siendo introducido por algunos supermercados en diferentes ciudades. Su principal consumo se da a través de caldos y sopas.
  La cachama es una especie ampliamente distribuida el América del Sur desde el Orinoco hasta el río de la Plata. En Colombia se encuentra localizadas en las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas. Aunque existen dos especies de cachamas (la negra y la blanca), en la presente página únicamente hablaremos de la Cachama blanca, ya que tiene mejor rendimiento en carne y su comercialización es mayor en comparación con la otra. 

La Cachama blanca posee gran cantidad de escamas pequeñas, color gris claro en la parte dorsal y blanco en la ventral, con ligeras coloraciones rojizas en la parte anteroventral y el las aletas pectorales, pélvicas y anal. Cuerpo pequeño y cabeza profunda con relación a este. En el medio natural se alimenta de semillas, frutas y forraje, por lo que se dice que es omnívora. Son reofílicos, desovan durante las migraciones ocurridas en la época de invierno. 

El desove es total y se presenta antes de que las aguas alcancen el máximo nivel. Su madurez sexual se alcanza a los 3-4 años de edad cuando los ejemplares alcanzan un peso promedio entre tos 4-5 kilogramos. Las hembras pueden colocar en promedio 150.000 huevos por kilogramo de peso vivo. Tienen gran potencial para piscicultura debido a su rusticidad, amplios hábitos alimenticios, rápido crecimiento, convivencia con otras especies y porque no se reproduce en los estanques evitando problemas en cuanto a manejo se refiere. 

Acepta bien el concentrado comercial, aunque también puede dársele en cultivo semillas de palma, bore, papaya, guayaba, banano, maíz, hojas de yuca, etc. como dieta suplementaria. Esto quiere decir que usted puede darte en la mañana concentrado y ofrecerle en la tarde cualquiera de las alternativas alimenticias arriba mencionadas. Su carne es de buena calidad y gran aceptación en el mercado. Se puede sembrar a una densidad máximo de 4 peces/m2, cuando se tiene entrada constante de agua para obtener al final de 6 meses animales de 500 gramos.

martes, 1 de septiembre de 2009

SURCO MATUCANA


Surco-Matucana

Esta Ruta esta marcada por la Carretera Central Antigua... La recomendamos como excelente ruta para iniciarse en el Treeking por su fácil acceso, sus comodidades a disposición y lo agradable de los cambios en el paisaje.

Se inicia el recorrido en el pueblo de San Jerónimo de Surco (punto de partida para las cataratas de Huanano y Pala-Qala), Km 64 de la Carretera Central y prosigue por toda la carretera antigua en un recorrido de unos 10km al lado del Río Rímac y al frente de la carretera nueva, hasta llegar . Pasa por debajo de puentes de ferrocarril, pequeños lagunamientos y campamentos abandonados, ademàs de vias de tren y el pueblo de Huariquiña (con sus cascadas: El Velo de la Novia y más cerca de la ruta: Challape) antes de llegar a la ciudad de Matucana.

Los experimentados hacen esta ruta en horas, los nuevos normalmente demoran 1 dia completo ya que la altura promedio esta entre los 2300msnm. Por esto si pensamos en personas que se estan acostumbrando al Treeking les recomendamos esta ruta durmiendo en San Jerónimo de Surco y hacer la caminata con equipo parando en el camino para cocinar el almuerzo y luego siguiendo hasta Matucana, donde se duerme culminando la jornada en gran forma.

Sera una gran experiencia

En la foto tomda desde la quebrada de
Challape en Huariquiña se ve parte de
el recorrido de la caminata de Surco a
Matucana
Foto: Maestro Mayor Daniel Lopez

Si deseas visitarla o acom

sábado, 29 de agosto de 2009

SAN ANTONIO DE PINTUYACU - (LORETO)


El PINTUYACU es un afluente del río NANAY que rinde su tributo hídrico por la margen izquierda, a unos cuantos kilómetros, aguas arriba, del poblado SAMITO y aguas abajo de SANTA MARÍA DEL ALTO NANAY.
En uno de sus numerosos recodos y ocupando una elevación de su margen derecha, se ubica la comunidad nativa SAN ANTONIO DE PINTUYACU. Un bello paraje en donde hoy descansan las esperanzas de este pueblo.
A pocos kilómetros, y surcando este río, desemboca un río menos caudaloso llamado CHAMBIRA, en cuya margen izquierda se sitúa la comunidad denominada ATALAYA.
Ambas, San Antonio y Atalaya, son las dos únicas comunidades en donde hoy podemos encontrar, más o menos nucleados comunalmente, a los descendientes de lo que fuera el PUEBLO IQUITO.
Procedente de la noche de los tiempos forestales, como una de las creaciones de este bosque amazónico maravilloso, el PUEBLO IQUITO se mantuvo al margen de los primeros contactos de la cultura europea con las culturas amazónicas.
En los relatos iniciales de los cronistas españoles no encontramos referencias claras a su existencia como pueblo. En el mapa que sobre la ubicación de los diferentes grupos indígenas publicara el P. Fritz, en 1707, no fue mencionado siquiera. (*)
Es recién a partir del Siglo XVIII en que aparecen las primeras referencias a esta etnia.
Investigaciones antropológicas y etnográficas han permitido saber que este pueblo tuvo como territorio de asentamiento el área comprendida entre los que conocemos como ríos Napo, Curaray, Mazán, Nanay, Itaya y Tigre, dentro del cual se movilizaron estableciendo contactos con otros pueblos, recibiendo y ejerciendo influencias culturales, pero siempre manteniendo su propia identidad.
Aún hoy en este amplio corredor quedan familias o grupos de familias dispersos que conservan algunas de sus conquistas culturales (idioma, mitos, costumbres, artesanía, Etc.).
Al intensificarse la penetración de la cultura europea a nuestra región, son las Misiones Jesuitas las que, en su afán civilizador y evangelizador, darán origen al mayor desordenamiento cultural entre las etnias amazónicas, erradicando, desplazando y mezclando personas procedentes de diversos mundos culturales en las denominadas REDUCCIONES o Pueblos Misionales, que reemplazaron a las ENCOMIENDAS.
En esta acción deculturizante, el Pueblo Iquito fue afectado profundamente, pues se sabe que los misioneros jesuitas organizaron 8 reducciones entre los años 1740 y 1767, cada una con su respectiva advocación religiosa, que significaron la erradicación de sus escenarios naturales milenarios.
Rebeldes permanentes ante esta agresión, como todos los demás Pueblos amazónicos, los Iquitos ofrecieron dura resistencia que los afectó con un desgaste tanto físico como espiritual.
Víctimas de las plagas o pestes (gripe, viruela, cólera), este Pueblo se vio diezmado lentamente, perdiendo con ello su organización, sus valores y toda cuanta riqueza cultural había logrado.
A partir de 1761, año en que se consolida la Reducción de San Pablo del Nuevo Napeano, algunos miembros de la etnia Iquito (asentada en lo que hoy es la ciudad de Iquitos) se establecen definitivamente, pero, otros retornan a sus lugares de origen, prácticamente heridos de muerte como Pueblo. Los que huyen, vuelven al río que fuera su antigua morada: el NANAY (Takarnak, en su idioma) y al Pintuyacu, Chambira y quebradas menores, tributarios de aquél. “En 1925 se encontraban (aún) varios cientos de Iquitos en el Medio y Bajo Nanay”. (*)
El tercer milenio mestizo y eurógeno, lo encuentra reducido a un aproximado de 567 miembros, distribuidos entre San Antonio (367) y Atalaya (200), nucleados en más de 80 familias, en cuyo seno sólo los mayores de 70 años (unas 15 personas) tienen pleno dominio del idioma original, pues las generaciones intermedias y las nuevas (jóvenes, adolescentes y niños), afectados por la educación mestiza, muy temprano aprendieron a avergonzarse de su idioma y, por lo tanto, no lo hablan en la dinámica de sus relaciones cotidianas.
Convencidos por habilitadores madereros, volcaron sus esfuerzos a la extracción forestal y han olvidado su artesanía. Las vasijas, que según lo cuentan, las hacían de gran calidad, hoy son sólo un recuerdo que se diluye tras el diario manipuleo de los coloridos y vistosos utensilios de plástico que han invadido todo el ámbito comunal. Sus tejidos y adornos, que fueron parte de su vestimenta tradicional, fueron olvidados al igual que sus cantos y danzas, que hoy son descritas con muchas imprecisiones propias de la lejanía de sus recuerdos.
Al llegar a San Antonio de Pintuyacu, uno sabe que llega a una comunidad nativa Iquitos, sólo porque un cartel de bienvenida así lo dice, pero no se siente en la atmósfera comunal ni el olor ni el sabor a una cultura radicalmente diferente.
Aún cuando conserva su profundo contacto con el bosque, el mismo que está presente de diversas maneras en la cotidianeidad de su vida individual y comunal, lo esencial de su cultura se ha refugiado en lo más profundo de su vida psíquica, tal vez esperando oportunidades propicias para volver a tener vigencia.
Pero, hoy, tiene que obedecer a los dictados de la sociedad dominante, la que le ha impuesto condiciones muy duras que cumplir. Por ello es que en San Antonio, el Agente Municipal y el Teniente Gobernador son designados por estratos superiores del poder político.
Sin embargo, la propia comunidad designa a su APU o Jefe Comunal, que es su máxima autoridad para sus fueros internos. Don Gabriel Paima Peña es quien hoy desempeña ese cargo.
En cuanto a salud, cuentan con una posta médica, inconclusa en lo que se refiere a su local, pues el FONCODES aún no lo termina, que recibe medicamentos con la frecuencia en que aparece un donante. Es don Luis Llaja Mendoza quien se encarga, en su condición de técnico enfermero, de administrar y atender en la posta. Por su parte, la Dirección Regional de Salud hace visitas periódicas para detectar casos de malaria, pues es endémica en esta zona, mediante el examen de “gota gruesa” y prevención mediante la fumigación de las casas y, en especial, de los mosquiteros. También realiza campañas de vacunación a los niños.
Sus matrimonios civiles se ajustan a la normatividad mestiza y tienen que ser realizados en la capital del distrito, Santa María del Alto Nanay, mientras que los matrimonios religiosos, sólo pueden ser realizados cuando coinciden con la visita de un párroco de Iquitos.
Como Comunidad Nativa pertenece a la FECONARINA –Federación de Comunidades Nativas del Río Nanay -, actualmente presidida por don Mariano Arévalo, de procedencia huitoto, que pretende representar y luchar por los intereses de los pueblos nativos ubicados en dicha área.
En lo referente a educación, sólo cuentan con servicios del nivel primario, a cargo de dos profesores: doña Gertrudes Granja Nájar, directora y mestiza, y don Ciro Panduro Güímack, nativohablante, de reciente contratación, ambos sin título profesional. En estos momentos, sólo cuentan con 53 alumnos, de los cuales 39 son varones y sólo 14 son mujeres (en 1º. y 2º., 25 (16V, 9M), en 3º. y 4º., 23 (18V, 5M.) y en 5º. Grado, 5 alumnos, todos varones). Cabe mencionar que, del total de la población de San Antonio, 367 habitantes, 200 son hombres y 167 mujeres.
No tienen servicios de educación inicial y menos de educación secundaria. Sólo un joven ha terminado estudios secundarios (que es el actual profesor), 8 tienen algún grado de secundaria y 2 se encuentran estudiando en Iquitos dicho nivel.
A plenitud, el idioma Iquitos sólo es hablado por doña AGUSTINA YAREJA, quien es la más anciana (más de 85 años, declaran sus familiares), y es la única que no habla el Castellano. Cuando ella habla es cuando sentimos que los sonidos del bosque se transforman en mensajes a lo más profundo de nuestro ser y experimentamos el más grande dolor de ver perderse tan hermoso idioma.
Don Jaime Pacaya, Gabriel Paima Peña (APU) y don Abelardo Inuma hablan y leen el idioma Iquitos, pues lo aprendieron en la época en que don FELIX CABRAL SINCHIJA era profesor (hasta 1967); luego de lo cual y por influencias de instituciones y personas interesadas en la castellanización y el mestizaje de los pueblos indígenas (cuyos nombres los recuerdan muy bien algunos vivientes), fueron nombrados profesores mestizos para enseñar a los niños a “ser gentes y no indios”. Doña Emma Llona, Santos Shino, Adelina Shino, Ligia Inuma y Teresa Güímack confiesan que hablan el Iquitos en pocas ocasiones, pero no lo saben leer. Ellos se educaron para “dejar de ser indios” así como las nuevas generaciones. Aunque, tal vez, no lo lograron.
En ATALAYA, con una población de 200 personas, de las que 110 son mujeres, hay otra realidad. Allí los Iquitos comparten la vida comunal con familias quichuas, procedentes del Napo, cada vez más numerosas éstas. De las 51 familias, 15 son quichuas.
Su escuela, a cargo de los Profs. Helard José Uriarte Solsol e Israel Torres Tangoa, ambos mestizos, solo brinda servicios de educación primaria a 76 alumnos matriculados del 1º. Al 6º. Grados. Don Marcelo Inuma, que es el APU, don Paulino Apurija Sinchija doña Florentina Sinchija Laulate (69) y su hermana Ercilia Sinchija Laulate (58) prácticamente son los únicos que hablan el idioma Iquitos con su riqueza original en una atmósfera cultural que cada vez tiene menos aire a pueblo Iquito.
(*)Citas extraídas de: AMAZONÍA, biodiversidad, comunidades y desarrollo.

viernes, 28 de agosto de 2009

HISTORIA DEL VALLE DEL RÍO YAVARI



El río Yavarí fluye a través de la Amazonía occidental y sirve de límite entre el Perú y Brasil. Aunque escasamente habitado y rara vez visitado en nuestros días, el valle del río Yavarí tiene una larga y colorida historia, la misma que cuenta con registros escritos de sus poblaciones indígenas y sus recursos naturales desde hace más de 300 años. Como la mayoría de los ríos amazónicos, la historia del Yavarí es la de los conflictos con los pueblos indígenas, enfermedades y un siglo de explotación de recursos naturales. El siguiente es un relato que resume los puntos claves de la historia de este fascinante río.
El río Yavarí fue descrito por primera vez durante la expedición de Don Pedro de Texeira en el siglo XVII, la cual fue meticulosamente documentada por el Padre Christopher D’Acuna (1698). Texeira buscaba el mítico El Dorado, “La Laguna de Oro” y “Las Amazonas”, aquellas legendarias mujeres guerreras que utilizaban a los hombres sólo para satisfacer sus necesidades reproductivas.
Afortunadamente el Padre D’Acuna fue un ávido naturalista que documentó con gran detalle los usos del bosque y la agricultura por parte de los pueblos nativos. Escribiendo sobre el Yavarí, se sobrecogió con la vastedad de sus recursos naturales y la abundancia de vida silvestre en la zona.
En el siglo XIX, el Yavarí fue descrito por dos grandes expediciones científicas: una francesa, liderada por F. de Castelnau (1850–51), y otra austríaca, liderada por Spix y Martius (1823–31). Al igual que el Padre D’Acuna, ambas expediciones destacaron la variedad de plantas y animales del valle, así como la vida y costumbres de las tribus que lo habitaban, entre las que destacaba la de los Mayoruna, también conocidos como Matís (Matsés). F. de Castelnau fue el primer científico en describir con detalle y precisión al mono huapo colorado (ver Figura 1), notando su división geográfica en dos coloraciones o formas, una blanca y otra roja. Spix y Martius describieron con cierto detalle a los Mayoruna y su expansión a lo largo del valle del Yavarí, destacando su ferocidad y reportando que los portugueses no podían ingresar a sus territorios por el temor de sus ataques. Los exploradores austríacos describieron cómo los Mayoruna se ocultaban en el bosque mientras las canoas de los europeos surcaban la corriente, para luego atacarlos con flechas, lanzas y mazos.
La Mayoruna fue una las principales naciones indígenas de Loreto. En el mapa publicado por A. Raimondi (circa 1888) se puede ver que habitaban todo el valle del Yavarí, cubriendo gran parte del noreste de Loreto, desde Pebas hasta Contamana y Tabatinga.
Otros grupos, como los Ticuna, Chirabo y Marubo, también habitaban la región del Yavarí hacia fines del siglo XIX. Los Mayoruna eran conocidos como diestros cazadores y no como agricultores o pescadores. La primacía de la caza como fuente de subsistencia era lógica, dada la abundancia de especies de caza en la zona, en relación a otros lugares de la Amazonía (ver “Diversidad y Abundancia de Mamíferos”).
Efectivamente, la producción de animales de caza en el valle del Yaraví hace que esta zona sea, aún en la actualidad, una de las principales zonas de caza en Loreto (ver “Uso y Sostenibilidad de la Caza de Especies Silvestres Dentro y en los Alrededeores de la Propuesta Zona Reservada del Yavarí”).
El Yavarí ha jugado un importante papel en la historia de las relaciones diplomáticas entre el Perú y Brasil (Maúrtua 1907). En 1777, el Tratado de San Ildefonso establecío la frontera de las coronas portuguesa y española entre Leticia, Tabatinga y el río Yavarí (Public Document 1777). Empero, el temor por la expansión brasileña continuó a pesar del tratado.
Francisco Requena, responsable de la región fronteriza de Loreto durante los últimos años de la Colonia, se encontraba tan preocupado por la expansión brasileña a través del valle del Yavarí y la cuenca del Ucayali que estableció el poblado de Requena, sobre el río Ucayali, como una manera de proteger el territorio peruano (Martín Rubio 1991).
En 1866, la República del Perú y el Imperio del Brasil acordaron la organización de una expedición conjunta a las regiones desconocidas del alto Yavarí, tanto con fines científicos como de delimitación de fronteras entre ambas naciones (Raimondi 1874–79).
La expedición conjunta estuvo al mando de los secretarios de estado de ambos países, los doctores Manuel Rouaud y Paz Soldán del Perú, y João Soares Pinto de Brasil. La expedición remontó el río Yavarí a bordo del vapor Napo, luego de dejar Tabatinga el 5 de agosto de 1866. En el vigésimo tercer día la expedición pasó el río Curazao y cinco días después llegó a la desembocadura del Yavarí Mirín, bautizándole al resto del río Yavarí de ese punto para arriba como el río Yaquirana. El 8 de septiembre, la comisión conjunta alcanzó una nueva divisoria en el río y, siguiendo sus indicaciones, continuaron por el tributario más grande para determinar la frontera internacional. El tributario menor fue llamado Gálvez por Paz Soldán, en memoria del famoso oficial peruano que perdió su vida en la guerra con Chile.
A medida que el río se estrechaba Paz Soldán y Pinto eventualmente tuvieron que abandonar el vapor y proseguir el trabajo a bordo de canoas. A medida que ascendían hacia las cabeceras del río Yaquirana, observaban señales de la presencia de indígenas, a los que llamaron Matapis. El 10 de octubre de 1866 la comisión fue atacada por los indígenas, quienes escondidos en el bosque dispararon flechas a las canoas.
La comisión se retiró hacia una playa para atender a los heridos y partió de inmediato aguas abajo. En una de las numerosas curvas del río la expedición fue atacada otra vez, esta vez por más de 100 indígenas—hombres y mujeres desnudos y pintados—quienes atacaron con una lluvia de flechas a los indefensos expedicionarios. Soares Pinto murió al recibir tres flechas en el pecho, en tanto que Paz Soldán pudo huir en una canoa dejando atrás todo el equipo científico y los alimentos de la expedición. Cuatro días después, los sobrevivientes lograron alcanzar el vapor y la expedición volvió a Tabatinga. Paz Soldán perdió una de sus piernas a consecuencia de las heridas sufridas durante el ataque.
No fue el brillante oro de El Dorado, como imaginó Texeira, lo que trajo riqueza al Yavarí, sino el “oro negro” del caucho ahumado.
El auge del caucho, entre fines del siglo XIX e inicios del siglo XX trajo el apogeo a la región. Muchos inmigrantes provenientes de Europa, Norteamérica y los Andes llegaron hasta la región amazónica en busca del valioso látex. El valle del Yavarí, rico en árboles de caucho, se convirtió así en un blanco de los recién llegados buscadores de fortuna. La importancia de esta zona como fuente del nuevo y valioso producto trajo como consecuencia su declaración como provincia del departamento de Loreto, estableciéndose en su interior los distritos de Caballococha, Yavarí y Yaquerana.

La capital de Yavarí fue el poblado de Nazaret (hoy conocido como Amelia), y la capital de Yaquerana el pueblo de Esperanza, un rico enclave de trabajadores y comerciantes del caucho ubicado en el alto Yavarí (Fuentes 1908).
Para 1903 habían 55 estaciones de explotación de caucho a lo largo del lado peruano del Yavarí, con un total de 1.358 estradas (trochas).
El volumen de extracción registrado en 1905 fue de 600.000 kg de látex de caucho. El río bullía de actividad comercial y tráfico fluvial, pues solo en el año 1905, 22 vapores y 107 embarcaciones a vapor menores acopiaban el caucho del Yavarí hacia Caballococha e Iquitos (Larrabure y Correa 1905–09).
Los indígenas del Yavarí no pudieron soportar las incursiones de los caucheros. Los Mayoruna, otrora una gran nación, fueron empujados hacia las zonas altas del Yavarí y reducidos a un conjunto de pequeños poblados aislados. Otras etnias corrieron igual suerte al no poder soportar la penetración de los extractores en su territorio.
Pero la vida era igualmente dura para los extractores de caucho. El Yavarí era famoso por sus terribles y a menudo fatales fiebres. El doctor Pesce las describió como malignas y anormales, probablemente causadas por un tipo de tifo-malaria (Fuentes 1908).
Pero las fiebres no eran la única preocupación de los caucheros, pues los conflictos con los indígenas continuaron durante el auge del caucho. Algot Lange, en su fascinante libro de 1912 sobre el Yavarí, narra el ataque de un grupo de 20 indígenas contra los caucheros peruanos, matándolos con flechas, lanzas, garrotes y cerbatanas para luego desmembrar sus cuerpos y comérselos en compañía de sus familias (Lange 1912).
San Felipe, uno de los poblados del Yavarí Mirín, era la base de apoyo de un pequeño barón del caucho brasileño. Este hombre era el patrón de todos los caucheros del Yavarí Mirín y les abastecía de todo lo necesario para su supervivencia desde su puesto en San Felipe. Un día, un grupo de indígenas atacaron y masacraron a todos los habitantes del puesto, dejando atrás todas los vituallas de los caucheros. Noventa años después, todavía es posible encontrar en el lugar antiguas botellas de cerveza, ladrillos traídos de Pará, medicinas importadas desde Nueva York y los restos de un barco de hierro, con su motor totalmente oxidado.
El auge terminó en la década de los veinte, cuando la producción—masiva y a muy bajo costo— del caucho malayo eliminó económicamente al caucho amazónico. La decadencia de la industria del caucho amazónico está bien documentada en el valle del Yavarí.
En 1905 las exportaciones de caucho del Yavarí se calculaban en S/. 1.500.000, que al cambio de la época representaban unas 300.000 libras esterlinas. Dos años después, las exportaciones habían caído a S/. 143.000 y para 1917 apenas alcanzaban los S/. 2.000.
A pesar de ello, la explotación del Yavarí continuó. El caucho fue reemplazado por maderas exóticas, aceite de palo de rosa y pieles de animales, valiosos productos del bosque que siguieron atrayendo a aventureros en busca de fortuna.
Entre las décadas de los cuarenta y cincuenta, la población de la zona era otra vez tan abundante en los lados peruano y brasileño como en los tiempos del caucho. En 1942 se estableció la base militar de Angamos, con el objeto de asegurar la frontera luego de la guerra contra Ecuador. El número de familias se incrementó a 710, y en 1978 se creó la comunidad civil de Angamos, siendo su primer líder municipal el señor Francisco Dámaso Portal. En 1981, Angamos tuvo su primer alcalde formal y en 1984 recibió su primera visita presidencial por parte de Alan García Pérez. En la actualidad, la población de Angamos es de 300 familias y 1.200 habitantes.
Del mismo modo, el Yavarí Mirín incrementó su población a medida que la explotación de sus recursos naturales se expandía. En la década de los cincuenta, Joaquín Abenzur Panaifo ingresó al valle del Yavarí Mirín y construyó una planta de procesamiento de aceite de palo de rosa. Las ruinas de hierro y cemento de la planta pueden ser todavía observadas en el alto Yavarí Mirín. Abenzur usó como base de operaciones la localidad de Petrópolis, en la desembocadura del río Yavarí, debido a que era el punto intermedio entre el Yavarí Mirín y la ciudad de Iquitos.
La explotación del palo de rosa y otros recursos naturales atrajo a otros, como Victoriano López, quien contrató un grupo de trabajadores para la explotación de madera y palo rosa de la región.
El interés de los explotadores de recursos naturales en el Yavarí Mirín tuvo como corolario los inevitables conflictos con los pueblos nativos. Los primeros contaban con el apoyo del Estado peruano, que afianzó su presencia en la región estableciendo la base militar de Barros en el alto Yavarí Mirín. La población del Yavarí había crecido nuevamente; en cada orilla del río se podía ver pueblos y caseríos, como el de Buen Jardín, con más de 300 habitantes. En la década de los sesenta, cerca de 1.000 personas vivían y trabajaban en las orillas del Yavarí.
Pero los problemas con los pueblos nativos continuaron, en particular con los Mayoruna. Uno de los motivos más frecuentes de disputa entre colonos y nativos era el rapto de mujeres de los poblados y caseríos para tomarlas como esposas. Durante una de nuestras visitas, tuvimos el privilegio de conocer a una de estas mujeres y escuchar la historia de su rapto. Ella cuenta que llegó al Yavarí en compañía de su esposo, quien trabajaba madera. Su marido solía internarse durante varios días en el bosque, mientras ella cuidaba su cabaña y a su hija recién nacida.
Un día, mientras alimentaba sus pollos, cinco Mayoruna se lanzaron sobre ella y la arrastraron hacia el bosque. Los hombres la mantuvieron atada y desorientada, mientras caminaban por más de una semana. Cuando llegaron al poblado nativo, fue encerrada en una gran casa comunal conocida como maloca, cuya entrada era vigilada día y noche. En su interior conoció a otras mujeres que habían sido igualmente secuestradas. No pasó mucho tiempo y la mujer se “casó” con el hijo del jefe de la tribu, con quien tuvo varios hijos. Tras haberse ganado la confianza de su esposo, pudo salir de la maloca, bañarse en el río y recolectar vegetales de las tierras comunales.
Luego, por amor a sus hijos, se integró a la tribu y perdió todo interés en escapar. Algunas de las otras mujeres secuestradas, sin embargo, nunca aceptaron convertirse en Mayoruna y siguieron intentando escapar. Luego de numerosos intentos de fuga fueron golpeadas hasta morir.
Un día llegaron los misioneros. Sobrevolaron la zona en un hidroavión y arrojaron mantas, cacerolas, machetes y cuentas. Poco después aterrizaron y un grupo de hombres de largas barbas salió de la aeronave y se acercó al jefe Mayoruna. El consejo tribal discutió el destino de esos extraños hombres. Hubo una larga discusión entre los indígenas, acerca de si debían matarlos o aceptarlos. Se decidió esto último y el trabajo misionero empezó entre los Mayoruna. Los esfuerzos de los misioneros y los militares redujo paulatinamente el número de secuestros, reportándose el último de éstos a fines de la década de los sesenta.
La explotación de los recursos naturales del Yavarí alcanzó su pico a inicios de la década de los setenta, para luego iniciar una lenta declinación. El negocio del aceite de palo de rosa había sido prácticamete agotado, la caza por pieles concluyó oficialmente en 1973, cuando el Perú suscribió el CITES, y el valioso cedro (Cedrela) empezaba a ser cada vez más escaso en las cercanías de los ríos. En 1990, cuando se inició nuestro trabajo en el Yavarí Mirín, existían cinco pueblos en el área y tres campamentos madereros, los que totalizaban unos 400 habitantes. La operaciones forestales se hacían cada vez más difíciles, tanto, que en ocasiones se requería de hasta tres años para sacar la madera desde los pequeños ríos de tierra firme. Con el tiempo los madereros vieron más rentable dedicar su tiempo a la caza de especies de alto valor comercial que a la tala.
En 1995, una violenta epidemia de malaria cerebral golpeó a la región. Un poblado del alto Yavarí Mirín, San Francisco de las Mercedes, perdió casi la mitad de sus habitantes a causa de la epidemia. Otros caseríos fueron igualmente castigados. La explotación forestal terminó en la región y sus habitantes empezaron a solicitar apoyo del gobierno. Las autoridades de Islandia, capital del distrito, no contaban con los recursos suficientes para ayudar a todas las comunidades, así que comunicaron a los pobladores que solo se asistiría a la comunidad de Nueva Esperanza, un caserío ribereño fundado en 1971, por ser la más grande de la zona. La comunidad Yagua de San Felipe decidió mudarse a las cercanías de Islandia, en el bajo Yavarí, para mantenerse como sociedad tradicional. La comunidad de Buen Jardín se deshizo y en San Francisco de Mercedes sólo se quedaron dos familias.
En la actualidad, el Yavarí Mirín tiene el nivel poblacional más bajo desde los primeros días del auge del caucho. Actualmente hay 179 habitantes en Nueva Esperanza, 18 en San Felipe (antiguos pobladores de Buen Jardín) y siete miembros de la Policía Nacional en Carolina, cerca de la desembocadura del Yavarí Mirín, sin contar con cinco personas que escogieron permanecer en San Francisco de las Mercedes, en el alto Yavarí Mirín.
En el lado brasileño del Yavarí se observó el mismo fenómeno. Hace 48 años, José Cándido de Melo Carvalho (1955) registraba un total de 77 caseríos y asentamientos a lo largo del río Itacoaí, un tributario del Yavarí. Hoy, ninguno de estos caseríos y pueblos subsiste. El Itacoaí es parte de la Reserva Indígena Javarí y está casi desierta. De hecho, grupos de indígenas en estado de aislamiento han empezado a ingresar al área, a sabiendas de que los colonos o caboclos han abandonado la región. El alto Yavarí está igualmente desolado.
Años atrás, el área entre la confluencia del Yavarí Mirín y Angamos bullía de actividad extractivista. Grandes caseríos abundaban y el tráfico fluvial era constante entre Iquitos y Angamos. Los productos eran vendidos a las embarcaciones que recorrían el Yavarí y la gente mantenía ingresos respetables. Hoy, los pueblos han desaparecido de esta extensa franja del río dejando sólo porciones de purma o bosque secundario. Los barcos de Iquitos raramente remontan el Yavarí, a veces un viaje cada tres meses, y Angamos basa su abastecimiento en los avionetas comerciales más que del transporte fluvial.
Desde principios de la década de los noventa, los pobladores del Yavarí Mirín están involucrados en actividades de conservación lideradas por la Wildlife Conservation Society-Perú y el Durrell Institute of Conservation and Ecology (DICE). La población local ha participado en programas educativos de conservación y administración comunitaria de los recursos naturales.
Las comunidades locales han desarrollado un fuerte sentido de responsabilidad y sincero interés en todos los temas concernientes a la conservación, lo que puede verse en la serie de compromisos y acuerdos que respaldan sus intenciones.
El Yavarí y el Yavarí Mirín han visto un siglo de explotación de sus recursos naturales. De ello dan testimonio los bosques ribereños que han sido explotados para extraer madera para los vapores fluviales, caucho para Iquitos y Manaus, palo de rosa para la industria de la perfumería, pieles de animales como el jaguar y el lobo de río para Norteamérica y Europa, y madera para la mueblería fina. Hoy, el silencio en los bosques anuncia el retorno paulatino pero seguro de la naturaleza donde antes reinó la actividad humana. Las comunidades animales se están
recuperando a los niveles previos del auge del caucho, y los pocos seres humanos que habitan la región los cazan sólo con fines de subsistencia.
Mientras viajábamos aguas arriba del Yavarí para encontrar el helicóptero que traería al resto del equipo del inventario biológico, sólo podíamos pensar en los secretos que aún oculta este gran río. A medida que nuestros botes penetraban la neblina de aquella mañana húmeda, los bosques lucían tal y como hace 100 años atrás, cuando los primeros vapores ingresaban al valle en búsqueda del oro negro. El Yavarí parece haberse detenido en el tiempo y va recobrando, una vez más, su esplendor natural.

HISTORIA DEL VALLE DEL RÍO YAVARI



El río Yavarí fluye a través de la Amazonía occidental y sirve de límite entre el Perú y Brasil. Aunque escasamente habitado y rara vez visitado en nuestros días, el valle del río Yavarí tiene una larga y colorida historia, la misma que cuenta con registros escritos de sus poblaciones indígenas y sus recursos naturales desde hace más de 300 años. Como la mayoría de los ríos amazónicos, la historia del Yavarí es la de los conflictos con los pueblos indígenas, enfermedades y un siglo de explotación de recursos naturales. El siguiente es un relato que resume los puntos claves de la historia de este fascinante río.
El río Yavarí fue descrito por primera vez durante la expedición de Don Pedro de Texeira en el siglo XVII, la cual fue meticulosamente documentada por el Padre Christopher D’Acuna (1698). Texeira buscaba el mítico El Dorado, “La Laguna de Oro” y “Las Amazonas”, aquellas legendarias mujeres guerreras que utilizaban a los hombres sólo para satisfacer sus necesidades reproductivas.
Afortunadamente el Padre D’Acuna fue un ávido naturalista que documentó con gran detalle los usos del bosque y la agricultura por parte de los pueblos nativos. Escribiendo sobre el Yavarí, se sobrecogió con la vastedad de sus recursos naturales y la abundancia de vida silvestre en la zona.
En el siglo XIX, el Yavarí fue descrito por dos grandes expediciones científicas: una francesa, liderada por F. de Castelnau (1850–51), y otra austríaca, liderada por Spix y Martius (1823–31). Al igual que el Padre D’Acuna, ambas expediciones destacaron la variedad de plantas y animales del valle, así como la vida y costumbres de las tribus que lo habitaban, entre las que destacaba la de los Mayoruna, también conocidos como Matís (Matsés). F. de Castelnau fue el primer científico en describir con detalle y precisión al mono huapo colorado (ver Figura 1), notando su división geográfica en dos coloraciones o formas, una blanca y otra roja. Spix y Martius describieron con cierto detalle a los Mayoruna y su expansión a lo largo del valle del Yavarí, destacando su ferocidad y reportando que los portugueses no podían ingresar a sus territorios por el temor de sus ataques. Los exploradores austríacos describieron cómo los Mayoruna se ocultaban en el bosque mientras las canoas de los europeos surcaban la corriente, para luego atacarlos con flechas, lanzas y mazos.
La Mayoruna fue una las principales naciones indígenas de Loreto. En el mapa publicado por A. Raimondi (circa 1888) se puede ver que habitaban todo el valle del Yavarí, cubriendo gran parte del noreste de Loreto, desde Pebas hasta Contamana y Tabatinga.
Otros grupos, como los Ticuna, Chirabo y Marubo, también habitaban la región del Yavarí hacia fines del siglo XIX. Los Mayoruna eran conocidos como diestros cazadores y no como agricultores o pescadores. La primacía de la caza como fuente de subsistencia era lógica, dada la abundancia de especies de caza en la zona, en relación a otros lugares de la Amazonía (ver “Diversidad y Abundancia de Mamíferos”).
Efectivamente, la producción de animales de caza en el valle del Yaraví hace que esta zona sea, aún en la actualidad, una de las principales zonas de caza en Loreto (ver “Uso y Sostenibilidad de la Caza de Especies Silvestres Dentro y en los Alrededeores de la Propuesta Zona Reservada del Yavarí”).
El Yavarí ha jugado un importante papel en la historia de las relaciones diplomáticas entre el Perú y Brasil (Maúrtua 1907). En 1777, el Tratado de San Ildefonso establecío la frontera de las coronas portuguesa y española entre Leticia, Tabatinga y el río Yavarí (Public Document 1777). Empero, el temor por la expansión brasileña continuó a pesar del tratado.
Francisco Requena, responsable de la región fronteriza de Loreto durante los últimos años de la Colonia, se encontraba tan preocupado por la expansión brasileña a través del valle del Yavarí y la cuenca del Ucayali que estableció el poblado de Requena, sobre el río Ucayali, como una manera de proteger el territorio peruano (Martín Rubio 1991).
En 1866, la República del Perú y el Imperio del Brasil acordaron la organización de una expedición conjunta a las regiones desconocidas del alto Yavarí, tanto con fines científicos como de delimitación de fronteras entre ambas naciones (Raimondi 1874–79).
La expedición conjunta estuvo al mando de los secretarios de estado de ambos países, los doctores Manuel Rouaud y Paz Soldán del Perú, y João Soares Pinto de Brasil. La expedición remontó el río Yavarí a bordo del vapor Napo, luego de dejar Tabatinga el 5 de agosto de 1866. En el vigésimo tercer día la expedición pasó el río Curazao y cinco días después llegó a la desembocadura del Yavarí Mirín, bautizándole al resto del río Yavarí de ese punto para arriba como el río Yaquirana. El 8 de septiembre, la comisión conjunta alcanzó una nueva divisoria en el río y, siguiendo sus indicaciones, continuaron por el tributario más grande para determinar la frontera internacional. El tributario menor fue llamado Gálvez por Paz Soldán, en memoria del famoso oficial peruano que perdió su vida en la guerra con Chile.
A medida que el río se estrechaba Paz Soldán y Pinto eventualmente tuvieron que abandonar el vapor y proseguir el trabajo a bordo de canoas. A medida que ascendían hacia las cabeceras del río Yaquirana, observaban señales de la presencia de indígenas, a los que llamaron Matapis. El 10 de octubre de 1866 la comisión fue atacada por los indígenas, quienes escondidos en el bosque dispararon flechas a las canoas.
La comisión se retiró hacia una playa para atender a los heridos y partió de inmediato aguas abajo. En una de las numerosas curvas del río la expedición fue atacada otra vez, esta vez por más de 100 indígenas—hombres y mujeres desnudos y pintados—quienes atacaron con una lluvia de flechas a los indefensos expedicionarios. Soares Pinto murió al recibir tres flechas en el pecho, en tanto que Paz Soldán pudo huir en una canoa dejando atrás todo el equipo científico y los alimentos de la expedición. Cuatro días después, los sobrevivientes lograron alcanzar el vapor y la expedición volvió a Tabatinga. Paz Soldán perdió una de sus piernas a consecuencia de las heridas sufridas durante el ataque.
No fue el brillante oro de El Dorado, como imaginó Texeira, lo que trajo riqueza al Yavarí, sino el “oro negro” del caucho ahumado.
El auge del caucho, entre fines del siglo XIX e inicios del siglo XX trajo el apogeo a la región. Muchos inmigrantes provenientes de Europa, Norteamérica y los Andes llegaron hasta la región amazónica en busca del valioso látex. El valle del Yavarí, rico en árboles de caucho, se convirtió así en un blanco de los recién llegados buscadores de fortuna. La importancia de esta zona como fuente del nuevo y valioso producto trajo como consecuencia su declaración como provincia del departamento de Loreto, estableciéndose en su interior los distritos de Caballococha, Yavarí y Yaquerana.

La capital de Yavarí fue el poblado de Nazaret (hoy conocido como Amelia), y la capital de Yaquerana el pueblo de Esperanza, un rico enclave de trabajadores y comerciantes del caucho ubicado en el alto Yavarí (Fuentes 1908).
Para 1903 habían 55 estaciones de explotación de caucho a lo largo del lado peruano del Yavarí, con un total de 1.358 estradas (trochas).
El volumen de extracción registrado en 1905 fue de 600.000 kg de látex de caucho. El río bullía de actividad comercial y tráfico fluvial, pues solo en el año 1905, 22 vapores y 107 embarcaciones a vapor menores acopiaban el caucho del Yavarí hacia Caballococha e Iquitos (Larrabure y Correa 1905–09).
Los indígenas del Yavarí no pudieron soportar las incursiones de los caucheros. Los Mayoruna, otrora una gran nación, fueron empujados hacia las zonas altas del Yavarí y reducidos a un conjunto de pequeños poblados aislados. Otras etnias corrieron igual suerte al no poder soportar la penetración de los extractores en su territorio.
Pero la vida era igualmente dura para los extractores de caucho. El Yavarí era famoso por sus terribles y a menudo fatales fiebres. El doctor Pesce las describió como malignas y anormales, probablemente causadas por un tipo de tifo-malaria (Fuentes 1908).
Pero las fiebres no eran la única preocupación de los caucheros, pues los conflictos con los indígenas continuaron durante el auge del caucho. Algot Lange, en su fascinante libro de 1912 sobre el Yavarí, narra el ataque de un grupo de 20 indígenas contra los caucheros peruanos, matándolos con flechas, lanzas, garrotes y cerbatanas para luego desmembrar sus cuerpos y comérselos en compañía de sus familias (Lange 1912).
San Felipe, uno de los poblados del Yavarí Mirín, era la base de apoyo de un pequeño barón del caucho brasileño. Este hombre era el patrón de todos los caucheros del Yavarí Mirín y les abastecía de todo lo necesario para su supervivencia desde su puesto en San Felipe. Un día, un grupo de indígenas atacaron y masacraron a todos los habitantes del puesto, dejando atrás todas los vituallas de los caucheros. Noventa años después, todavía es posible encontrar en el lugar antiguas botellas de cerveza, ladrillos traídos de Pará, medicinas importadas desde Nueva York y los restos de un barco de hierro, con su motor totalmente oxidado.
El auge terminó en la década de los veinte, cuando la producción—masiva y a muy bajo costo— del caucho malayo eliminó económicamente al caucho amazónico. La decadencia de la industria del caucho amazónico está bien documentada en el valle del Yavarí.
En 1905 las exportaciones de caucho del Yavarí se calculaban en S/. 1.500.000, que al cambio de la época representaban unas 300.000 libras esterlinas. Dos años después, las exportaciones habían caído a S/. 143.000 y para 1917 apenas alcanzaban los S/. 2.000.
A pesar de ello, la explotación del Yavarí continuó. El caucho fue reemplazado por maderas exóticas, aceite de palo de rosa y pieles de animales, valiosos productos del bosque que siguieron atrayendo a aventureros en busca de fortuna.
Entre las décadas de los cuarenta y cincuenta, la población de la zona era otra vez tan abundante en los lados peruano y brasileño como en los tiempos del caucho. En 1942 se estableció la base militar de Angamos, con el objeto de asegurar la frontera luego de la guerra contra Ecuador. El número de familias se incrementó a 710, y en 1978 se creó la comunidad civil de Angamos, siendo su primer líder municipal el señor Francisco Dámaso Portal. En 1981, Angamos tuvo su primer alcalde formal y en 1984 recibió su primera visita presidencial por parte de Alan García Pérez. En la actualidad, la población de Angamos es de 300 familias y 1.200 habitantes.
Del mismo modo, el Yavarí Mirín incrementó su población a medida que la explotación de sus recursos naturales se expandía. En la década de los cincuenta, Joaquín Abenzur Panaifo ingresó al valle del Yavarí Mirín y construyó una planta de procesamiento de aceite de palo de rosa. Las ruinas de hierro y cemento de la planta pueden ser todavía observadas en el alto Yavarí Mirín. Abenzur usó como base de operaciones la localidad de Petrópolis, en la desembocadura del río Yavarí, debido a que era el punto intermedio entre el Yavarí Mirín y la ciudad de Iquitos.
La explotación del palo de rosa y otros recursos naturales atrajo a otros, como Victoriano López, quien contrató un grupo de trabajadores para la explotación de madera y palo rosa de la región.
El interés de los explotadores de recursos naturales en el Yavarí Mirín tuvo como corolario los inevitables conflictos con los pueblos nativos. Los primeros contaban con el apoyo del Estado peruano, que afianzó su presencia en la región estableciendo la base militar de Barros en el alto Yavarí Mirín. La población del Yavarí había crecido nuevamente; en cada orilla del río se podía ver pueblos y caseríos, como el de Buen Jardín, con más de 300 habitantes. En la década de los sesenta, cerca de 1.000 personas vivían y trabajaban en las orillas del Yavarí.
Pero los problemas con los pueblos nativos continuaron, en particular con los Mayoruna. Uno de los motivos más frecuentes de disputa entre colonos y nativos era el rapto de mujeres de los poblados y caseríos para tomarlas como esposas. Durante una de nuestras visitas, tuvimos el privilegio de conocer a una de estas mujeres y escuchar la historia de su rapto. Ella cuenta que llegó al Yavarí en compañía de su esposo, quien trabajaba madera. Su marido solía internarse durante varios días en el bosque, mientras ella cuidaba su cabaña y a su hija recién nacida.
Un día, mientras alimentaba sus pollos, cinco Mayoruna se lanzaron sobre ella y la arrastraron hacia el bosque. Los hombres la mantuvieron atada y desorientada, mientras caminaban por más de una semana. Cuando llegaron al poblado nativo, fue encerrada en una gran casa comunal conocida como maloca, cuya entrada era vigilada día y noche. En su interior conoció a otras mujeres que habían sido igualmente secuestradas. No pasó mucho tiempo y la mujer se “casó” con el hijo del jefe de la tribu, con quien tuvo varios hijos. Tras haberse ganado la confianza de su esposo, pudo salir de la maloca, bañarse en el río y recolectar vegetales de las tierras comunales.
Luego, por amor a sus hijos, se integró a la tribu y perdió todo interés en escapar. Algunas de las otras mujeres secuestradas, sin embargo, nunca aceptaron convertirse en Mayoruna y siguieron intentando escapar. Luego de numerosos intentos de fuga fueron golpeadas hasta morir.
Un día llegaron los misioneros. Sobrevolaron la zona en un hidroavión y arrojaron mantas, cacerolas, machetes y cuentas. Poco después aterrizaron y un grupo de hombres de largas barbas salió de la aeronave y se acercó al jefe Mayoruna. El consejo tribal discutió el destino de esos extraños hombres. Hubo una larga discusión entre los indígenas, acerca de si debían matarlos o aceptarlos. Se decidió esto último y el trabajo misionero empezó entre los Mayoruna. Los esfuerzos de los misioneros y los militares redujo paulatinamente el número de secuestros, reportándose el último de éstos a fines de la década de los sesenta.
La explotación de los recursos naturales del Yavarí alcanzó su pico a inicios de la década de los setenta, para luego iniciar una lenta declinación. El negocio del aceite de palo de rosa había sido prácticamete agotado, la caza por pieles concluyó oficialmente en 1973, cuando el Perú suscribió el CITES, y el valioso cedro (Cedrela) empezaba a ser cada vez más escaso en las cercanías de los ríos. En 1990, cuando se inició nuestro trabajo en el Yavarí Mirín, existían cinco pueblos en el área y tres campamentos madereros, los que totalizaban unos 400 habitantes. La operaciones forestales se hacían cada vez más difíciles, tanto, que en ocasiones se requería de hasta tres años para sacar la madera desde los pequeños ríos de tierra firme. Con el tiempo los madereros vieron más rentable dedicar su tiempo a la caza de especies de alto valor comercial que a la tala.
En 1995, una violenta epidemia de malaria cerebral golpeó a la región. Un poblado del alto Yavarí Mirín, San Francisco de las Mercedes, perdió casi la mitad de sus habitantes a causa de la epidemia. Otros caseríos fueron igualmente castigados. La explotación forestal terminó en la región y sus habitantes empezaron a solicitar apoyo del gobierno. Las autoridades de Islandia, capital del distrito, no contaban con los recursos suficientes para ayudar a todas las comunidades, así que comunicaron a los pobladores que solo se asistiría a la comunidad de Nueva Esperanza, un caserío ribereño fundado en 1971, por ser la más grande de la zona. La comunidad Yagua de San Felipe decidió mudarse a las cercanías de Islandia, en el bajo Yavarí, para mantenerse como sociedad tradicional. La comunidad de Buen Jardín se deshizo y en San Francisco de Mercedes sólo se quedaron dos familias.
En la actualidad, el Yavarí Mirín tiene el nivel poblacional más bajo desde los primeros días del auge del caucho. Actualmente hay 179 habitantes en Nueva Esperanza, 18 en San Felipe (antiguos pobladores de Buen Jardín) y siete miembros de la Policía Nacional en Carolina, cerca de la desembocadura del Yavarí Mirín, sin contar con cinco personas que escogieron permanecer en San Francisco de las Mercedes, en el alto Yavarí Mirín.
En el lado brasileño del Yavarí se observó el mismo fenómeno. Hace 48 años, José Cándido de Melo Carvalho (1955) registraba un total de 77 caseríos y asentamientos a lo largo del río Itacoaí, un tributario del Yavarí. Hoy, ninguno de estos caseríos y pueblos subsiste. El Itacoaí es parte de la Reserva Indígena Javarí y está casi desierta. De hecho, grupos de indígenas en estado de aislamiento han empezado a ingresar al área, a sabiendas de que los colonos o caboclos han abandonado la región. El alto Yavarí está igualmente desolado.
Años atrás, el área entre la confluencia del Yavarí Mirín y Angamos bullía de actividad extractivista. Grandes caseríos abundaban y el tráfico fluvial era constante entre Iquitos y Angamos. Los productos eran vendidos a las embarcaciones que recorrían el Yavarí y la gente mantenía ingresos respetables. Hoy, los pueblos han desaparecido de esta extensa franja del río dejando sólo porciones de purma o bosque secundario. Los barcos de Iquitos raramente remontan el Yavarí, a veces un viaje cada tres meses, y Angamos basa su abastecimiento en los avionetas comerciales más que del transporte fluvial.
Desde principios de la década de los noventa, los pobladores del Yavarí Mirín están involucrados en actividades de conservación lideradas por la Wildlife Conservation Society-Perú y el Durrell Institute of Conservation and Ecology (DICE). La población local ha participado en programas educativos de conservación y administración comunitaria de los recursos naturales.
Las comunidades locales han desarrollado un fuerte sentido de responsabilidad y sincero interés en todos los temas concernientes a la conservación, lo que puede verse en la serie de compromisos y acuerdos que respaldan sus intenciones.
El Yavarí y el Yavarí Mirín han visto un siglo de explotación de sus recursos naturales. De ello dan testimonio los bosques ribereños que han sido explotados para extraer madera para los vapores fluviales, caucho para Iquitos y Manaus, palo de rosa para la industria de la perfumería, pieles de animales como el jaguar y el lobo de río para Norteamérica y Europa, y madera para la mueblería fina. Hoy, el silencio en los bosques anuncia el retorno paulatino pero seguro de la naturaleza donde antes reinó la actividad humana. Las comunidades animales se están
recuperando a los niveles previos del auge del caucho, y los pocos seres humanos que habitan la región los cazan sólo con fines de subsistencia.
Mientras viajábamos aguas arriba del Yavarí para encontrar el helicóptero que traería al resto del equipo del inventario biológico, sólo podíamos pensar en los secretos que aún oculta este gran río. A medida que nuestros botes penetraban la neblina de aquella mañana húmeda, los bosques lucían tal y como hace 100 años atrás, cuando los primeros vapores ingresaban al valle en búsqueda del oro negro. El Yavarí parece haberse detenido en el tiempo y va recobrando, una vez más, su esplendor natural.

sábado, 22 de agosto de 2009

LA CUENCA DEL RIO PACOBAMBA

Se localiza al Noroeste del departamento de Puno, provincia de Melgar, distrito de Ayaviri. Dista de éste último a 6.5km al Sur, abarcando 27 526 hectáreas. Geográficamente, está próximo a la Cordillera Occidental de los Andes del Sur del Perú. La geomorfología del terreno presenta relieves de montañas y planicies que van desde los 3942 y 4908 msnm; ello lo ubica entre tres pisos altitudinales: Puna Baja (3800 – 4000 msnm), Puna Alta (4000 – 4800 msnm) y Cordillera (superior a los 4800 msnm). Existe diversidad de fauna y flora, entre ellas aves, insectos, variedad de cactáceas, arbustos, árboles nativos de queñua (Polylepis incana), Plantas de altura:Puyas Raimondi (Puya raimondii), Kishwara, Piakua, Akhana, Sasahui, Chachakuma, Maransela, Huallachaqui, entre otras. Presenta dos tipos de clima: Puna de Frío de Tundra y Nival o Nieve Perpetúa de Alta Montaña de Schroeder (Brack; 1986: 200), con una temperatura media anual de 7.2º C. La zona muestra una estratigrafía geológica (formaciones litológicas) que va desde Paleozoico hasta el Cuaternario, presentándose vastas extensiones de rocas de la Formación Ayavacas, Grupo Vilquechico, Volcánicos Montiruni, Formación Ayaviri, Grupo Puno, Formación Tinajani (Mioceno-Plioceno: 26-7 Ma, respectivamente) y Depósitos Lacustres; además, al Sur de la Encañada de Tinajani está presente una gran Falla (fracturamiento de corteza terrestre) denominada “Pasani”.

Entre los eslabones longitudinales y transversales de la Cordillera Occidental de los Andes del Sur del Perú, se halla un rincón sui géneris nombrado: Tinajani; una formación geológica, que se remonta al Oligoceno superior y Mioceno medio, comprendida entre 28 y 20 millones de años, originada producto de una sucesión de mudanzas estratigráficas, geotectónicas, sedimentológicas y magmáticas. La literatura geológica señala que, hace millones de años, habría formado parte del lecho del extinguido lago Ballivián que ocupaba el Noroeste del territorio altiplánico, llegando incluso a los límites del valle Vilcanota (Cusco).

NATURALEZA

En casa del oso de anteojos


En los bosques de neblina y bosques secos del cañón de los ríos Pachachaca y Apurímac, los paisajes están poco perturbados, y aquí sobrevive una buena muestra de la biodiversidad andina. El oso de anteojos y el cóndor andino, son sus representantes más emblemáticos y han adquirido el rol de embajadores de estos hábitats intactos. Aunque dicen los pobladores, y también lo demuestran las investigaciones realizadas por Jan Baiker de ECOBONA, se puede encontrar pumas, coatíes, ccarachupas además de árboles como la intimpa y un centenar de especies orquídeas. Sin duda un lugar privilegiado por la naturaleza.


La exuberancia de este paraje pétreo, está complementada por otras áreas diferenciadas, como: Huallatani, Tarukani, Huayllacuyo – Trapiche, Cascada, Qaqani, Cachipujo, Warachani, Queñuacuyo y Qaqasara – Logera.



En Huallatani y Tarukani, destacan los centenares Puyas Raymondi o Ticatica o “Dinosaurio Vegetal”, junto a plantas de altura: chachakuma, piakua, akhana, huallachaqui, sasahui y otras. Como evidencia de ocupación humana temprana, en estas áreas, son notorios las cuevas y abrigos; en los que hace 10 000 años, grupos de cazadores-recolectores estuvieron viviendo, en concordancia con los recursos con que cuenta la zona; de ellos destacan: Condorani y Tojrage. Por los cuales atraviesan caminos importantes hacia pueblos de altura (Paratía, Palca y Vila Vila, en la provincia de Lampa [Puno]) y costa (valles de Omate [Moquegua] y Colca [Arequipa]).

En Huayllacuyo – Trapiche, resalta la presencia de dos lagunas con bofedales que albergan una diversidad de aves silvestres; al parecer, fueron hechas artificialmente con fines pecuarios (abrevadero para ganado). Por sus características geomorfológicas, corresponde a la Puna Alta con presencia de pajonales y humedales que propician la estancia y cría de camélidos, ovinos, vacunos criollos y equinos. Igualmente está la mina abandonada, conocida por los lugareños como “Trapiche” (a una altitud de 4050 msnm), donde se puede observar elementos líticos correspondientes a molinos de agua y estructuras de recintos de quienes lo trabajaron en el pasado.



En Cascada, se deslizan ríos permanentes y riachuelos intermitentes; entre ellos se tiene: “Inka Percca”, “Cascada” o “Phauchi”; este último desciende y se desplaza con estruendo sobre rocas de gran tamaño, formando grandes caídas de agua, durante los meses lluviosos. Cerca del caserío Cascada, están ubicados: el Apu mayor Wisa Wisa, que se halla a 4908msnm; y la cueva más profunda de la Micro Cuenca del Río Pacobamba.

En Qaqani o Hatun Calvariuni, existen grandes afloramientos rocosos de andesita, granito y caliza; entre los cuales, crecen arbustos de “kishwara” y árboles de queñua formando “bosquecillos”; por lo que, los moradores lo han denominado “monte”.


En Cachipujo u Orqo Cachihayuni, cobra importancia el manantial Cachipujo (en quechua) o Hayuphuju (en aimara), hallándose a una altura de 4292 msnm; de donde aflora líquido salino; el mismo que, en su paso, ha salinizado y desgastado varias rocas, dejándolas horadadas. En el pasado tuvo auge por ser un recurso importante en la alimentación del hombre andino; como hoy sigue siéndolo para el habitante de la Micro Cuenca.

En Warachani, existen lugares como: “Tinajani Chico”, “Falla Pasani” y la cueva del mismo nombre. Al Norte, se ubica el sitio Uyuni donde se observan peñas antropomorfas, comúnmente denominadas: “Monolitos”.

En Queñuacuyo o encañada de árboles de queñua, las paredes escarpadas de pendiente severa, las pequeñas quebradas y laderas; permiten una agricultura o cultivo óptimo de papa dulce, izaño, olluco y oca; ello debido, al microclima que origina la topografía del terreno; que favorece incluso a cultivos exóticos: arveja, haba, tarwi y maíz. Por otro lado, existen manantiales, riachuelos intermitentes y “caídas de agua” o pequeñas cataratas, como la “Paccha” que, en tiempo de lluvias produce grandes estruendos. Igualmente, algunos abrigos y la conocida cueva “Igma Igmani” que contiene agua empozada producto de filtraciones constantes; y en la pared rocosa de ésta, se presencia varias líneas curvas en forma de arcos concéntricos, a manera de una imagen de “virgen”; por lo que, últimamente algún creyente ha colocado en la parte central de esta “imagen natural”, un pequeño cuadro con motivo religioso. En cuanto a formas de roca; éstas se asemejan a lagartos, cabezas de hombres, formas humanas, edificios, iglesias, túneles, embarcaciones, etc.; por lo que, muchas de ellas han recibido denominaciones como: “El Lagarto”, “Puerta de la Iglesia”, “Intipunku” o “Puerta del Sol”, “Rostros Fríos”, etc.,...

Y en Qaqasara – Logera, están las quebradas: Yurac Aya, Qaqasara y Cantería o Logera. En las cuales se observan Chullpas Inka y canteras de dacita de las que se extrajeron, en el pasado, material lítico para la construcción de la Catedral San Francisco de Asís – Ayaviri.

En fin, tantos recursos de los que se podría difundir por este medio; sin embargo, les invitamos a conocer más sobre la MICRO CUENCA DEL RÍO PACOBAMBA en las páginas de la obra: “Pacobamba Vida y Naturaleza en las Alturas de Tinajani”.

De esta manera también, tributamos un año más de aniversario de creación política de nuestra provincia de Melgar, cuya capital, Ayaviri, está llamada a mejores porvenires.


ETNOGRAFIA


Los ayllus de Pacobamba Alto y Bajo, tienen sus propios modus vivendi (modos de vida), cuya actividad cotidiana y económica gira entorno a la ganadería y agricultura. La primera, con el pastoreo de camélidos (alpacas y llamas) complementada por la crianza de vacunos, ovinos y equinos. La segunda, con el cultivo de granos andinos (quinua y cañihua), raíces y tubérculos andinos (izaño, oca, olluco, papa). Al encontrarse en el enclave: Pacobamba (Melgar) – Vila Vila (Lampa) – Cabanaconde (Arequipa) – Omate (Moquegua) y Tinajani – Ayaviri – Orurillo – Asillo, esto transversalmente; y Vila Vila – Pacobamba – La Quebrada (Cusco), longitudinalmente; ha permitido en el pasado una complementariedad y reciprocidad, aún más cuando estaba en auge el intercambio de productos propias de las regiones de altura y valles costeros e interandinos, siendo famosos los “viajeros vilavileños” que siempre frecuentaban Pacobamba, atravesando por las apachetas: Yurac Apacheta, Puka Apacheta, con el propósito de realizar trueque, entre mayo y agosto; ellos traían sogas, textiles y carne de camélidos; y a veces, en su lugar, luego de viajar a la costa, nísperos, higos, maíz y manzanas.
De otro lado, la medicina tradicional en base a plantas de Puna Baja, Puna Alta y Cordillera, es la que predomina hasta la actualidad. En sus textiles representan la cotidianidad, idiosincrasia, cosmovisión y filosofía. Muchas de sus creencias perviven asociadas a las fiestas religiosas que se desarrollan durante el año, tal y conforme a las estaciones y calendario agrícola y pecuario.

ARQUEOLOGIA EN PACOBAMBA


La zona evidencia ocupación humana prehispánica desde el Período Arcaico (10 000 – 3600 A.P.) hasta el Horizonte Tardío (Inka: 1450 – 1532 d. C.). Esta etapa fue estudiada a profundidad por el Proyecto de Investigación Arqueológica: “El Período Arcaico en la Cuenca del Río Ayaviri” por los arqueólogos Eduardo Arizaca Medina con un permiso de la Comisión Nacional Técnica de Arqueología INC - Lima, durante el año 2002; cuyos resultados significan un gran aporte para entender el Noroeste del Lago Titicaca; pues ha involucrado las provincias de Melgar y Lampa, en más de 5 000 km2 . Estos vestigios consisten en fragmentos de cerámica, material lítico, montículos Qaluyo y Pukara, cuevas y abrigos rocosos, pinturas rupestres, chullpas, cistas y entierros funerarios, salares, caminos prehispánicos. Ej. Las cuevas de Togra Age y Cascada, los abrigos de Condorani y Ch’eccacheta, los montículos de Queñuacuyo, las chullpas de Tinajani.


CONSERVACION Y TURISMO

En esta zona el Programa Regional ECOBONA viene desarrollando proyectos para la protección y el manejo sostenible de los ecosistemas forestales andinos y el mejoramiento de la calidad de vida de la gente que convive con estos bosques. Aparte de temas como reforestación con plantas nativas y la promoción de la producción de miel de abeja, el ecoturismo es uno de los grandes retos. El núcleo del proyecto ecoturístico en Perú es el distrito de Pacobamba, donde se trabaja junto con la municipalidad distrital, las comunidades e instituciones regionales. Pero, ¿es posible desarrollar una buena oferta ecoturística en una de las regiones más pobres del país? Sí, claro. Si se identifican sus singularidades y se las acondiciona al enfoque de la propuesta. Esa es la apuesta por la que todos los pacobambinos, instituciones y autoridades están trabajando con ahínco.

viernes, 21 de agosto de 2009

CAÑON DEL UTCUBAMBA

CAÑON DEL UTCUBAMBA

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No lo sé,si les pasa lo mismo a todos que a mí. Cuando el manto negro del asfalto termina en Pedro Ruíz, me acomodo en mi asiento del bus o del colectivo para prepararme a disfrutar de un recorrigo mágico de dos horas aproximadamente hacia Chachapoyas por una ruta sinuosa donde nuestras manos pueden tocar las aguas del río, donde el cielo se esconde por 3 kilómetros bajo una muralla semi ovoide de piedras calisas, donde se sube serpenteante camino de Limonpunta. Esa ruta lo he bautizado interiormente como el CAÑON DEL UTCUBAMBA. Es colosal, hermoso,impresionante. Es una belleza para describirla con palabras.

Hagamos el intento. Saliendo de Pedro Ruíz, nos encotramos en el camino con una cadena de cerros azulados de Cuchulia, donde al fondo quedará peregnizado Gololque, que fue la tumba de 41 personas el nueve de enero del 2003. Esos cerros tienen formas caprichosas, como conos que rozan con las nubes del infinito. Pasando Donce, Churuja se elevan a ambos lados cerros que en varios tramos de la ruta se acortan a 20 metros,dando la impresión que vamos camino en encierro. Es una caja que se cierra y se abrede acuerdo a los caprichos del río Utcubamba, que dependiendo de la estación, como el camaleón, también cambia de color. Este río, que fuera cantado magistralmente por Manuel Saavedra, es caudaloso, tranquilo, verde, amarillo y marrón.

Por la zona llamada Tingorbamba, unos inmensos taludes de píedra calisa han sido cortadas a media luna por el hombre para dar paso a la carretera y nos imaginamos como si estaríamos surfeando olas congeladas. El sonido de las aguas, entremezclados con el ruido de los motores y el trinar de los pájaros conforman una sinfonía musical a nuestros oídos, que nos traslada a un mundo de relajación temporal. En Cocahuaico, donde dividimos el camino para ir a San Pablo de Valera y Cocachimba donde están las catarátas de Gocta y proseguir el viaje a Chachapoyas, hay un farallón de más de un kilómetro de altura, que cuando llueve cae las aguas por una estacionaria cataráta en cinco tiempos para perderse en las aguas del Utcubamba. Si eso no es una maravilla. ¿Qué podría haber algo mejor?

Siguiendo la ruta con los mismos paisajes y las mismas sensaciones, llegamos a Cáclic donde está la Central Hidroeléctrica y una serie de geroglíficos y pinturas rupestres, testimonio de la presencia gallarda de los Sachapuyos. De este lugar hasta el cruce con Leymebamba, viajamos acompañados de verdes sauces que crecen en los pantanos del Utcubamba. Es una pequeña extensión, donde conviven una serie de aves a su libre albedrío sin temor a la mano opresora del hombre. Desde este lugar se observa la magestad del Limonpunta, un mítico y temeroso cerro, que tiene la forma de un seno de mujer. Aquí también se comienza a subir y devorar la carretera, rumbo a la pista de doce kilómetros que nos lleva a la fidelísima ciudad de Chachapoyas.


jueves, 20 de agosto de 2009

RIO PISCO

EL RIO PISCO


El río Pisco, situado en la Región Central de la vertiente del Pacífico tiene su origen en la confluencia de los ríos Churis y Huaytará, a la altura de la localidad de Pampano.



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RIO PISCO, FOTO TOMADA DESDE EL CEMENTERIO INCA DE TAMBO COLORADO.


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EN LA CUENCA DEL RIO PISCO APARTE DE LA AGRICULTURA SE DESARROLLA LA GANADERI

RIO PAMPAS APURIMAC


EL RIO PAMPAS


El río Pampas es uno de los mas importantes de la zonal, se le conoce asi, pues su lecho parece una pampa, en este rio se puede practicar deportes de aventura como el canotaje.


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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

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EL RIO PAMPAS

EL VALLE DEL RIO PAMPAS


El valle del rio pampas se forma sobre cause natural del mismo, de clima semi-tropical de la zona favorece el cultivo de frutales citricos, paltos, chirimoyas, lucmas, etc.. El valle tambien cuenta con una fauna que aun se preserva debido a que la mano del hombre todavia no la deteriorado.



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EL VALLE DEL RIO PAMPAS



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EL VALLE DEL RIO PAMPAS



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EL VALLE DEL RIO PAMPAS



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EL VALLE DEL RIO PAMPAS

domingo, 9 de agosto de 2009

AYACUCHO

Geografía:


El Departamento de Ayacucho se encuentra cruzado por dos cordilleras que lo dividen en tres unidades geográficas: de altiplanicies hacia el Sur, de abrupta serranía al Centro y selvático-tropical al NorEste. Por la tierra ayacuchana se viaja por un paisaje poblado de cumbres de las Cordilleras Occidental y Oriental de los Andes, para descender hacia el NorEste a las tierras cálidas de la margen derecha del Río Apurímac, que sirve de límite a los Departamentos de Ayacucho y Cusco. En esta naturaleza andina, en su gran parte casi desértica, crecen millares de cáctus. De cuando en cuando, se abren pintorescos valles o se extienden desoladas pampas como las de Cangallo, Quinua y Chupas. Al sur se encuentra la Laguna de Parinacochas, que en quecha significa "Laguna de las Pariguanas" , en referencia a estos flamencos de plumaje blanco y rojo que viven en sus orillas, y que remontan el vuelo hacia la Costa.
Mapa de Ayacucho
Generalidades:

Area o superficie: 43,815 km2.
Principales recursos: papa, el trigo, el olluco, la cebada, el ganado ovino y artesanía.
Población: 511,000 habitantes. Su capital, Ayacucho, tiene 82,131 habitantes.
Número de provincias y distritos: 11 provincias y 109 distritos.
Fecha de Fundación: Como departamento, el 26 de abril de 1,822.
Comidas Típicas: Patachi, Mondongo Ayacuchano, Puca-Picante.
Grupos Etnicos: Los Morocuchos (Pampas de Cangallo), Los Iquichanos.
Artesanía: Iglesias de Barro, Retablos, Tallados en Piedra de Huamanga,
Platería, Tejidos y Mates Burilados.

Reseña Turística:


La Ciudad de Ayacucho es llamada la Ciudad de las Iglesias, ya que en ella se pueden encontrar más de 40, todas de origen colonial. Cerca a la ciudad, se encuentra la Pampa de la Quinua, escenario de la Batalla de Ayacucho entre españoles y patriotas.
En las cavernas de Piquimachay y Pacaicassa se han encontrado las herramientas de piedra más antiguas del Perú (20 mil años). En Ayacucho, se ubicó el centro de la Cultura Wari. Vilcashuamán, situada a 120 kms al sur de Ayacucho, fue un centro administrativo incaico, entre sus construcciones se encuentran el Templo del Sol y de la Luna. Intiwatana, a pocos kilómetros de Vilcashuamán, es un complejo arqueológico que consta de un palacio, un torreón, baños del Inca (con una piedra de 17 ángulos) y una laguna artificial frente al complejo arqueológico.
En Ayacucho se encuentra la Reserva Nacional de Pampa Galeras, destinada a proteger a la vicuña, el más pequeño y grácil de los camélidos sudamericanos.
Este departamento posee además bosques naturales en donde abundan la mayor cantidad de Puyas de Raimondi, ubicados dentro del Santuario Nacional de Titancayocc.

HISTORIA PREHISPANICA DE AYACUCHO


Ayacucho se encuentra ubicado en al sierra sur central del Peru. Su Capital es unaCiudad que fue fundada por los españoles en 1540 con el nomngre de SAN JUAN DE LA FRONTERAen el lugar denominado Pucaray. Hoy, es llamado ciudad de Ayacucho.

El estudio de los pueblos pre hispanicos de ayacucho nos plantea el problema de comprension del proceso de cambios que sufrio el paisaje geografico y clima de ayauchco a partir de los 50,000 años A:C. hasta las condiciones que presenta en la actualidad. Asi podemos observar que los primeros hombres tuvieron que enfrentarse a una naturaleza muy dificil de dominar.

AYACUCHO: HISTORIA Y ARTE


Ayacucho, como pocas ciudades del Peru, la otrora enigmatica Huamanga, muestra rasgos peculiares; Ciudad detenida en el tiempo y replegada sobre si mismo, deja translucir sus viejos aromas de enorme historial y sus obras autenticas de Arte, Sabiduria e Ingenio.

Conocer Ayacucho, Ciudad de las 33 Iglesias, es compenetrarse con su trascendencia Cultural, en ella se respira todo Heroismo, abnegacion y deseo de sobrevivir, ahora y siempre.

Ayacucho se encuentra en el corazon de los Andes, Escenario de Gestas que hicieron la Historia Patria, en la Pampa de Ayacucho, a un resumen el eco de la proclama de Sucre y Cordova, Donde el 9 de Diciembre de 1824 se sello al Libertad Americana.

Con el descubrimiento de restos fósiles en las Cuevas de Piquimachay y en los alrededores del pueblo de Paccaicasa, se ha demostrado que el hombre primitivo se estableció en Ayacucho hace más de 20,000 años. Los cronistas señalan a los Pocras como la nación más importante que existió en Huamanga desde tiempos antiguos. La Cultura Wari se desarrolló en la provincia de Huanta, hasta que fueron asimilados por la expansión de los Incas. El Inca Wiracocha conquistó la región, encontrando una oposición obstinada por parte de las tribus locales. En algunas recopilaciones históricas se afirma que ocurrió una rebelión contra la autoridad incaica, que fue aplacada por los Incas con gigantescas matanzas. Fue tal la mortandad que causaron los combates que estos hechos dieron lugar al nombre de Ayacucho, que en quechua significa "Rincón de Muertos".

Los españoles encontraron pueblos muy organizados y laboriosos, con un alto sentido del trabajo colectivo. Atraídos por la tranquilidad de la región, muchos soldados se fueron estableciendo en esta zona hasta que Alonso de Alvarado y Francisco de Cárdenas buscaron por mandato de Pizarro el lugar adecuado para fundar una ciudad intermedia entre Lima y Cuzco, fundándose así la Ciudad de Ayacucho en el año 1,539.

En 1,677 se fundó la Universidad de San Critóbal de Huamanga (Epoca Virreynal). En esta ciudad nació y se destacó la heroína María Parado de Bellido, quien participó en la lucha por la independencia. En la Batalla de Ayacucho (9 de Diciembre de 1824) se consolidó la Independencia del Perú y América.

Uno de los ayacuchanos más destacados es Andrés Avelino Cáceres, héroe de la Guerra con Chile y Presidente de la República en 1886 y 1894.



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