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miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA PLAZA DE ARMAS DE AREQUIPA

EVOLUCIÓN HISTORICA

AREQUIPA MAIN SQUARE: HISTORIC EVOLUTION
ENGLISH SUMMARY FOLLOWS SPANISH.

Arequipa está ubicada en el valle del río Chili, al sur del Perú. Rodeada de volcanes por el norte y una costa desértica al sur, la campiña de Arequipa floreció como un oasis, forjado por centurias merced al esfuerzo de sus habitantes. Su paisaje se forjó entre el verdor multicolor de su campiña, el carácter tectónico de su arquitectura, las condiciones de su clima (seco, de temperatura benigna y alta radiación solar) y la fuerza destructiva de los terremotos que la forzaron a reconstruirse varias veces.

Valle del Chili, con el volcán Chachani al fondo
Volcán Misti, montaña emblemática de la ciudad

Originada como un asentamiento rural de los Collaguas, Arequipa adquirió importancia a partir de su fundación española en 1540, surgiendo como un centro geopolítico mayor en el sur del Perú y Bolivia.

Plaza de Armas de Arequipa. Imagen Google Earth

Dadas las cualidades de su arquitectura, construída en piedra blanca volcánica llamada sillar, el centro histórico de Arequipa fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ya que es una "notable ejemplo de asentamiento colonial, fomentado por las condiciones naturales, las influencias indígenas el proceso de conquista y evangelización y la espectacular naturaleza de su emplazamiento" y "representa una obra maestra de la integración creativa de las características nativas y europeas".
Detalle de la Iglesia de la Compañía
Foto cortesía Yoly-Yoly


En el corazón de la ciudad se halla la Plaza de Armas, cuya evolución arquitectónica y paisajista es, en general, poco conocida. Arequipa, como otras ciudades en la colonia española, fue fundada sobre una cuadrícula. Sin embargo, la plaza presenta características singulares en comparación con otras plazas de su época en Hispanoamérica: la regularidad geométrica de su traza urbana, su gran tamaño (110 x 110 m), la continuidad de su perfil circundante y la disposición de su iglesia mayor, cuyo eje mayor se encontraba paralelo a la plaza, y no perpendicular, como era la tradición.

Este espacio fue concebido, desde su fundación en 1540, como el ámbito donde se desarrollarían las principales actividades religiosas, sociales, cívicas y de entretenimiento (como corridas de toros) de la ciudad. Pero la principal función de la plaza hasta 1868 fue la actividad comercial, ya que funcionaba como un mercado abierto. Y es que el término plaza en español, a diferencia de su equivalente en inglés square, no sólo implica un espacio abierto en la ciudad, sino también "donde se venden los mantenimientos y se tiene el trato común de los vecinos, y donde se celebran las ferias, los mercados y fiestas públicas."


Plaza de Armas antes de 1868. El mercado abierto de la ciudad
Fuente: Texao


LA CATEDRAL

Al principio, era una modesta capilla, construida en 1544 por el albañil Pedro Godinez y adquirió el título de catedral al fundarse el Obispado de Arequipa en 1600. Las paredes eran de sillar y el techo de madera. Según la catedral evolucionó tras sufrir los efectos de los terremotos de 1606, 1666, 1668, 1687 y 1784 (Ver más detalles en AQPlink). En el siglo XVIII la catedral era una estructura de piedra y ladrillo de 60 m de largo por 28 de ancho. Junto a la catedral se ubicaba la capilla de San Juan, pero ambas iglesias fueron destruídas por un incendio en 1844 (, 2004).


Evolución de la Catedral antes del incendio de 1844
Imágenes cortesía Arq.
Alvaro Zúñiga


La nueva catedral de estilo neoclásico, ocuparía la extensión completa de la cuadra (107 m) fue obra del arquitecto arequipeño Lucas Poblete. A cada lado del atrio de la catedral se ubicaron dos grandes arcos, terminados en 1850 por Luis Gamo. De acuerdo a Grandidier (1861), la catedral de Arequipa fue en su tiempo "el más importante monumento construído en Hispanoamérica después de la independencia".


Catedral de Arequipa antes del terremoto de 1868.
Fuente Texao


Sin embargo, dado el carácter comercial de la plaza, los religiosos dominicos no dudaron en implementar una fila de kioskos en el atrio, en desmedro de la estética del monumento. Estos locales, denominados cajoncitos fueron demolidos en 1868 con el fin de iniciar una remodelación de la plaza (Carpio Muñoz, 1983), poco antes de que el terrible terremoto de agosto de 1868 (magnitud 9.0) hiciera colapsar las torres y techo de la catedral. Las nuevas torres se construyeron más esbeltas y el atrio, según diseño de López de Romaña, fue visualmente integrado a la plaza.


Catedral de Arequipa durante el centenario de la batalla de Ayacucho en 1924
Foto Hnos Vargas


ARQUERÍAS


Antes de 1868 los portales que circundan la plaza en sus costados este, sur y oeste eran heterogéneos en su número, tamaño y altura, ya que (los portales del sur, correspondientes a la municipalidad, eran de dos pisos mientras que el resto era sólo de uno). El terremoto de 1868 destruyó los portales, y durante la reconstrucción se decidió uniformizar tanto el número como en tamaño y estilo de las tres arquerías, recurriendo a formas neoclacisistas bajo un proyecto de Brugada y con modificaciones del ingeniero Augusto Tamayo. Usaron para ello roca volcánica, sienita, basanita del volcán Misti, sillar rosado y ladrillos de Cañahuas.


En 1915 la municipalidad decidió construir un segundo nivel sobre las arquerías. Este segundo nivel, diseñado por el arquitecto Guidi, tenía ventanas cerradas y decoraciones en un estilo veneciano, coronadas por una balaustrada y con un ornamento especial frente a la municipalidad. Este recurso incrementó la sensación de cerramiento de la plaza, ya que un solo nivel permitía que su espacio se fugue, incrementando el ángulo visual de elevación de 3 a 7 grados.


Antiguo Portal de la Municipalidad
Foto Hnos. Vargas


Sin embargo, los terremotos en 1958 y 1960 ocasionaron graves daños a estas arquerías, por lo que se decidió reconstruirlas dejando los arcos vacíos en ambos niveles, forma que conserva en la actualidad.


Portal de la Municipalidad en la actualidad
Foto Carlos Zeballos


DISEÑO PAISAJISTA DE LA PLAZA.


En 1540 la plaza era una inmensa explanada de tierra. En 1735 el obispo Cavero hizo colocar una fuente de 3 pisos y la imagen de un arcángel en la parte superior, a la que la población denominó Tuturutu. Antes de 1868 la plaza de Arequipa era un mercado abierto y los toldos dominaban su paisaje. Pero, como apunta Juan Guillermo Carpio Muñoz, ya en febrero de 1868 se había tomado la decisión de remodelarla como parque. A consecuencia del terremoto de agosto de ese año, los toldos de comercio fueron reemplazados por tiendas de campaña para acoger a los damnificados.



En 1875 el primer diseño de la plaza, ideado por López de Romaña y ejecutado por Francisco Pietrosanti, consistía en una gran jardinera central de forma octogonal rodeando la pileta. Las veredas seguían un diseño radial, uniendo las esquinas y puntos medios del perímetro con los puntos medios del octágono. Este diseño centralizado fue reforzado al incluir en 1890 un anillo de ficus al rededor de la pileta.


Plaza a finales del siglo XIX
Foto Hnos Vargas.


En 1908 el diseño de la plaza, considerado muy básico por el alcalde Eleodoro del Carpio, fue completamente remodelado por el jardinero Lucioni, quien utilizó un modelo europeo que facilitaba un recorrido más casual. En 1910 se incluyeron palmeras, a fin de incrementar la escala monumental de la plaza. La estatua del tuturutu fue removida por considerarse "no estética" y fue a dar a un depósito... ¡en la cárcel! Sería repuesta y restaurada unos años más tarde, en 1920. Con cambios menores, ese diseño ha perdurado hasta nuestros días.


Jardinería de la plaza a principios del siglo XX
Foto Max Vargas


La evolución de la Plaza de Armas de Arequipa de una plaza mercado a una plaza parque es una expresión de las ideas de la población a finales del siglo XIX y comienzos del XX. A pesar de que en esa época la ciudad vivió momentos muy difíciles (el terrible terremoto en 1868, la guerra del Pacífico entre Perú y Chile, la ocupación chilena a Arequipa en 1883 y la posterior depresión durante la post-guerra) el entusiasmo de sus gentes logró compatibilizar la idea de modernismo con un acercamiento al paisajismo.

CASA VELARDE-ÁLVAREZ- AYACUCHO


Ayacucho (o Huamanga), ubicada en los Andes Centrales del Perú, es una ciudad que palpita historia. En las sierras de Ayacucho nació el imperio Wari, en cuya organización y caminos se basaron los incas para forjar su propio imperio. Numerosas iglesias y soberbias casonas dan cuenta de su importancia como enclave colonial, y fue aquí donde se selló la independencia de América en 1824. Los impresionantes paisajes de sus frías cordilleras encierran tradiciones longevas que perduran entre sus amables gentes, quienes al conversarnos, dibujan por momentos una mirada triste que evoca los violentos sucesos de un pasado reciente (los vínculos corresponden a blogs del prof. Arturo Gómez A.).




PUESTA EN VALOR DE LA CASA VELARDE-ÁLVAREZ.

Referencia histórica:


La ciudad de Huamanga fue fundada por Francisco Pizarro el 29 de enero de 1539 en la zona de Quinua-Huamanguilla. La bautizó como "San Juan de la Frontera de Guamanga", por ser zona limítrofe de guerra contra la resistencia de Manco Inca.

Debido a las inclemencias del clima frío, además de lo agreste del terreno y el hecho de encontrarse la zona densamente poblada por indígenas, a la presión del Teniente Gobernador Vasco de Guevara la villa fue trasladada al asiento denominado Pucaray el 25 de abril del siguiente año, según el acta de reubicación del Libro de Cabildo.

Posteriormente, en 1542, volvió a cambiar de nombre por el de "San Juan de la Victoria de Huamanga", luego de la Batalla de Chupas, donde las fuerzas leales al rey de España, dirigidas por el Comisionado Vaca de Castro, triunfan sobre las de Diego de Almagro "El Mozo".

La ciudad se fundó y pobló por razones militares y defensivas: para contener a los incas rebeldes que se hallaban en la zona de Vilcabamba, al Nor-Este de la localidad, y para guarecer a los transeúntes de la ruta Lima – Jauja - Cusco. Posteriormente, con las tratativas de paz que la Corona española sostuvo con los sucesores de Manco Inca y a medida que se organizaba el territorio andino según los intereses del imperio español, la función de la ciudad varió, convirtiéndose en un centro residencial y administrativo de su territorio contiguo.

Como toda ciudad española fundada en los Andes, Huamanga fue organizada bajo las disposiciones urbanísticas del damero, las cuales ya habían sido utilizadas en Gales en el siglo X y tienen sus antecedentes en las bastidas, ciudades fortificadas que se construyeron en el siglo XIII a raíz de las guerras de los albigenses en Francia (que a su vez corresponde a la tradición de la ciudad-campamento romana.) Éstas fueron difundidas en el “nuevo mundo” por los españoles a partir del siglo XVI.


En la Plaza Mayor se aprecia en la esquina conformada entre el Portal Unión y el Jr Asamblea un inmueble de características muy particulares, denominado casona Velarde Álvarez, por ser esta la última familia que poseyó el predio, antes de que en 1978 pasara a propiedad de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. También es conocida por el nombre de Casa del General Domingo López del Pozo, Primer Marqués de Mozobamba, quien la adquiriera en 1725.


Las investigaciones han arrojado una serie de 15 propietarios entre el Marqués de Mozobamba y la Universidad de Huamanga, faltando todavía conseguir información de los propietarios precedentes que existieron entre la fundación de Huamanga, en 1539, y el Marqués de Mozobamba, en 1725.


Descripción de la Casona:

En algunos casos, como el de la Casa Velarde Álvarez, nos encontramos ante una casona con todas las connotaciones tipológicas propias de la vivienda virreinal en Huamanga, aunque también con elementos arquitectónicos muy especiales que la hacen particular dentro de su contexto, la preexistencia de una construcción prehispánica, el tamaño y suntuosidad con la que mandaron construir su morada los primeros españoles en esta región.

La edificación esta conformada por tres sectores claramente diferenciados entre sí. El primer sector y más antiguo, que le confiere al inmueble su condición de monumento conformado por las crujías que dan hacia la Plaza Mayor y el Jirón Asamblea. El segundo sector es una construcción de adobe de dos niveles emplazada hacia el lado oeste que es claramente un agregado reciente y sin mayor valor arquitectónico. El tercer sector, ubicado al lado norte del predio se encuentra un sector en ruinas, se pueden apreciar algunos cimientos y muros en mal estado de conservación.

La fachada principal hacia la Plaza Mayor presenta en el primer nivel una galería con arcos de piedra de tipo sillar propio de la localidad, y en el segundo nivel una galería con pies derechos de madera. El ingreso principal está flanqueado por muros de cantería al estilo inca, mostrando un elaborado trabajo de ensamble lítico realizado por mano indígena, pero claramente ejecutado en época virreinal; decimos esto por la forma del aparejo y la presencia de dos perforaciones posteriores en el muro pétreo, que permitían atravesar un madero y asegurar la puerta principal, sistema propio de la época hispana.

La puerta principal es de madera aliso, trabajada a mano y con azuela, adornada con clavos metálicos con cabezas de rosetones. A continuación, la puerta principal abre al gran zaguán con arco de piedra soportando rollizos de alisos y molles. El patio central que muestra un piso empedrado, por lo general en Ayacucho el patio es cuadrangular, abierto y a un nivel más bajo que las galerías o corredores que se construyen con columnas y arquerías de ladrillos o piedras.

Distribución del primer nivel


Columna con capitel de piedra en forma de puma


Como se indicó, hacia el lado oeste se encontró una edificación agregada de escaso valor arquitectónico, que una vez demolida mostró los restos de un muro de piedra de estilo inca que hoy se conserva y se puede apreciar completamente luego de los trabajos de restauración.

En el segundo nivel, también se presentan dos galerías interiores: la del sur con pies derechos de madera que descansan sobre bases de piedra muy típicas en Ayacucho y la del lado este, con pies derechos y zapatas muy decoradas con molduras y escamas pero sin bases de piedra, por lo que deducimos que ésta sea la más antigua. Hacia la Plaza Mayor también aparece una tercera galería exterior, con pies derechos pareados sobre bases de piedra, pero definitivamente de época más reciente como lo muestran las evidencias fotográficas.
En torno al primer patio se distribuye el conjunto de habitaciones. Con relación al eje del portón, hacia el fondo se encontraba el principal con cámaras y recámaras colindantes, estos salones eran los principales de la residencia y en ellos se desarrollaba la actividad social de los propietarios de la casa. En muchos casos, junto a estos salones principales se construía un ambiente dedicado al oratorio o capilla, con altar e imágenes de los principales santos; en nuestro caso este sector ya se encontró en ruinas por el colapso de la cubierta ocurrido el año 1996.

Es probable que del patio principal y a través de un pasadizo lateral, se ingresara a un segundo patio en el que se ubicaban los ambientes de servicio, como: cocina, despensa y caballerizas, así como los jardines, huertos y alojamiento para sirvientes.

Varias de las fuentes históricas y algunas evidencias físicas, refuerzan el planteamiento de que originalmente la casa Velarde Álvarez fue concebida sólo de un piso, añadiéndosele posteriormente la segunda planta. Esto explica el hecho de que en un inicio la propiedad debió haber sido más grande, comprendiendo incluso a la propiedad colindante de la familia Lahud, ya que durante el proceso de reparto de solares, se señala que se asignaron los predios por cuartos de manzana.

Esta hipótesis se refuerza por el hecho de haberse hallado vanos de puertas y ventanas que comunicaban ambas propiedades, y también por que se da el derecho de propiedad horizontal sobre dos ambientes del lado oeste. Adicionalmente, la escalera de piedra existente en la casa Velarde Álvarez debió ser añadida cuando se dividió el predio original.

Las casas que contaban con un segundo piso, como la de Velarde Álvarez, inicialmente comunicaban sus ambientes de manera interna, y luego pasaron a hacerlo mediante las galerías o espacios de comunicación externos, por lo que durante los trabajos de intervención se encontraron varios vanos tapiados entre los recintos, los mismos que en alguno que otro caso fueron reabiertos por requerimiento funcional de la adecuación al nuevo uso.


Estado previo a la restauración


Las Obras de Restauración:

El proyecto de restauración y adecuación a nuevo uso de la casona Velarde Álvarez se lleva a cabo mediante el acuerdo suscrito entre la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Constituye un proyecto piloto que forma parte de las intervenciones previstas en el marco de recuperación del Centro Histórico actualmente en proceso y que se lleva a cabo de manera conjunta con la Municipalidad Provincial de Huamanga, con el objetivo de contribuir al desarrollo local mediante la priorizacion de la inversión en cultura y patrimonio.


El trabajo de restauración es llevado adelante por el equipo profesional y técnico de Huamanga. Dentro de los criterios para la intervención se debe tener en cuenta que se trata tanto de rehabilitar la edificación y proporcionar las condiciones necesarias para que funcione como Centro Cultural de la Universidad. Por lo cual se plantea como integración a las galerías antiguas, la creación en los lados norte y oeste de nuevas galerías que dan hacia el patio utilizando pilares pareados metálicos recreados a parir de los existentes en la fachada de la casona. De esta manera se guarda la armonía del conjunto sin renunciar a la propuesta arquitectónica contemporánea respetuosa del la construcción que la antecede. Estas galerías implantadas permiten que entre ambas áreas (antigua y nueva) exista un transito fluido y una comunicación visual integradora.



En la parte antigua se ha propuesto principalmente el uso de salas de exposición temporal, así como el servicio de biblioteca y el administrativo. En los ambientes que comprenden la nueva construcción en el lado norte, se ubica en el primer nivel un amplio ambiente para Sala de Usos Múltiples dotado de servicios complementarios como vestidores y depósitos, mientras que el segundo se ha ubicado una cafetería con cocina, despensa y depósito.

Durante el proceso se ha tenido especial cuidado en restaurar la carpintería de madera así como los elementos líticos y la conservación de las pinturas murales existentes contando con profesionales y técnicos apropiados para cada especialidad.

La intención de mantener la integridad el monumento y su autenticidad es trascendente, porque, concluidos los trabajos, tenemos un testimonio de la producción arquitectónica de la ciudad de Ayacucho.

MONASTERIO DE SANTA CATALINA EN AREQUIPA






 FUNDACION

El Virrey Francisco Toledo, durante su visita a Arequipa, fue informado por el Cabildo, sobre su deseo de años atrás, de fundar un monasterio de monjas. Ello lo motivó a otorgar las licencias necesarias para la fundación del "Monasterio de Monjas Privado de la Orden de Santa Catalina de Siena".

Años más tarde, Doña María de Guzmán, viuda de Diego Hernández de Mendoza, mujer hermosa, rica y joven que no tuvo hijos, decide recluirse en el monasterio en construcción, cediendo para ello todos sus bienes. El 10 de setiembre de 1579 se hace la Memoria y Capitulación de la fundación del Monasterio firmada entre el Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad y el Obispado del Cusco, entregando el Cabildo los cuatro solares propiedad de la ciudad, para su funcionamiento; nombrando a Doña María de Guzmán "primera pobladora y priora de dicho Monasterio".

El domingo 2 de octubre de 1580, se celebra una misa mayor en la ciudad y Doña María, reconocida como fundadora, toma formalmente los hábitos.

Las mujeres que ingresaron como monjas al Monasterio fueron criollas, mestizas y hasta hijas de curacas. Recién en 1964 ingresaron las primeras monjas españolas. La historia también cuenta del ingreso de "monjas pobres" y damas de la ciudad, que sin abrazar la vida religiosa, ingresaban al Monasterio para ejercitar sus virtudes.

En 1582, Arequipa soportó un fuerte terremoto, sufriendo la construcción del Monasterio graves daños. A pesar de ello se conservó la clausura. A partir de entonces, se inicia un período de sufrimiento, en el cual las propias religiosas repararon sus habitaciones. La capilla, por falta de dinero, no se pudo refaccionar " por lo cual el Santísimo Sacramento se exponía en una choza de paja".
http://viajesperu.files.wordpress.com/2009/05/convento-santa-catalina-arequipa.jpg
Santa Catalina, se ubicó en Arequipa, ciudad fundada en 1540 en un paraje especialmente elegido por su belleza natural, su clima acogedor y que disponía de un material de construcción único: el sillar, piedra porosa de lava volcánica que ha permitido levantar una hermosa ciudad, donde ha sido posible edificar formas arquitectónicas propias, con espacios y proporciones de gran valor estético y esculpir fachadas imponentes y finos detalles decorativos, que han hecho de Arequipa un centro colonial de marcada identidad dentro de los principales centros urbanos del continente.

Pileta en la Plaza Zocodober. Al fondo la cúpula de la iglesia.
Su estilo arquitectónico es fundamentalmente colonial, pero de naturaleza mestiza. A diferencia de otros restos virreynales de esta parte de América Latina, en Arequipa y especialmente en Santa Catalina, se observa la fusión de elementos españoles y nativos, a tal punto que generan una creación propia.
Los continuos terremotos que afectaron a Arequipa desde 1582, destruyeron las primitivas construcciones y también las propiedades de los familiares de las monjas catalinas, sobre las que se había impuesto los censos que garantizaban la economía futura del monasterio y su supervivencia.
Esta fue la causa y origen de la ciudadela existente en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de Arequipa. Los familiares de las religiosas optaron por hacer construir celdas privadas para éstas, toda vez que el dormitorio común estaba dañado o era muy pequeño para el número cada día creciente de religiosas.
Durante casi dos siglos, en la época virreynal, los claustros y celdas del monasterio de Santa Catalina, han sufrido modificaciones, agregados y nuevas construcciones, que lo han convertido en un verdadero muestrario de la arquitectura colonial de Arequipa.




LA   PORTADA

La portada de ingreso está adornada con un relieve de Santa Catalina de Siena, bajo cuyo patrocinio se fundó el convento. Está labrado en el sólido muro de sillar que bordea toda la manzana. La sobria sencillez de formas y color de esta portada, contrasta con el alegre colorido que el visitante encontrará en los ambientes interiores.

Fachada principal de la Iglesia, en cuya portada se encuentra una imagen de de Santa Catalina de Siena. En la torre del campanario, construida en 1748, hay 4 campanas.
 CLAUSTRO  DE LOS NARANJOS

Data de 1738. Debe su nombre a la presencia de árboles de naranjo. Las tres cruces ubicadas en medio del claustro forman parte de una tradición del Monasterio de Santa Catalina, donde las religiosas representan la Pasión de Cristo todos los Viernes Santo de todos los años, fecha en la cual, el mismo se cierra al turismo.


Patio de los Naranjos, debido a los árboles de naranjo, presenta un característico color añil. Cada viernes santo, las religiosas representan la Pasión de Cristo en estas tres cruces verdes.


El Monasterio de Santa Catalina de Siena, o Convento de Santa Catalina, es un complejo turístico religioso ubicado en el centro histórico de Arequipa, departamento de Arequipa, Perú.


Historia 

Fundado el 10 de setiembre de 1579 por un acuerdo entre el Cabildo Justicia y Regimiento de Arequipa y el Obispado del Cusco y gracias a la donación de los bienes de doña María de Guzmán, viuda de don Diego Hernández de Mendoza. Ella fue la primera priora del monasterio, cargo que ejerció durante los seis primeros años de funcionamiento, contados a partir del 2 de octubre de 1580 en que pronunció sus votos religiosos. En este monasterio ingresaban las mujeres que así lo deseaban, aunque en el documento de fundación señalaban que debían ser mujeres españolas. Debían dar una dote de mil pesos de plata ensayada y marcada y cien pesos corrientes para alimentos. A mediados del siglo XVIII la población se componía de cincuenta y siete religiosas de velo negro, dieciocho de velo blanco, cincuenta y un donadas y doscientas doncellas y seglares de servicio.



Monasterio de Santa Catalina.
Su construcción como ciudadela se realizó paulatinamente, sobre los cuatro solares que adquirió el Cabildo Justicia y Regimiento de Arequipa en 1568 para un monasterio de mojas que debía llamarse de Nuestra Señora de Gracia y que no funcionó. El monasterio de Santa Catalina es un muestrario de cuatro siglos de arquitectura arequipeña. Al parecer las celdas intrusas que forman la ciudadela comenzaron a construirse tras los terremotos que destruyeron los ambientes casi completamente en el año 1600 (19 de febrero), y con la erupción del volcan Huaynaputina. Los padres o familiares de las religiosas hicieron construir los ambientes de vida de sus hijas. Por ello, entre los siglos XVII y XIX las religiosas dispusieron la venta de sus celdas a otras religiosas. El primer caso documental fue el que realizó Sor Ana Zegarra que vendió su celda en 50 pesos a la religiosa Ginesa Mendoza en 1631.

Imagen del claustro Mayor, el más grande del monasterio, construido entre 1715-23 con sus paredes de color naranja encendido. Alrededor del claustro se ubican una serie de 32 pinturas. Al fondo se observa la cúpula de la iglesia.

Destruido con los terremotos que afectaron a Arequipa, fue reconstruido innumerabels veces, utiliando sus restos. Diversos obispos, entre ellos Juan de Almoguera hicieron construir diveros ambientes del monasterio. Tiene un área de 20.426 m2. En el tiempo en el que hubo la mayor población en este convento vivieron allí alrededor de 500 mujeres de las cuales solo 180 fueron religiosas, el resto eran las doncellas que servían a las religiosas, las niñas que vivian allí como educandas como en un internado y las refugiadas que se permitían en el convento por derecho de asilo. El Convento de Santa Catalina, se envolvió en un velo de misterio y silencio hasta 1970 en que una parte grande del convento abrió sus puertas para el público. Las religiosas permitieron que una empresa privada lo administrara. Todavía viven monjas en el área del norte del complejo.
En gran parte fue restaurado para poder lograr un mejor atractivo del público, conservando su planta y características originales. Las pequeñas calles y claustros están llenas de flores coloridas y las paredes son pintadas en tintes frescos. Los callejones estrechos llevan a las diversas partes del convento que atraviesan por sitios pintorescos y sitios de estar y dormir con los muebles originales.



Pileta del Convento de Santa Catalina
Algunos visitantes permanecen todo el día y reviven la vida inmóvil más allá de este convento o caminan en las calles internas y se pierden en el camino del tiempo. Este convento se sitúa en la calle del mismo nombre y cerca de la plaza de Armas.
Al interior se puede apreciar el claustro de la beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo la cual fue beatificada en la visita de Juan Pablo II en 1985 debido a su ejemplar vida conventual y a la atribución de algunos milagros. Uno de ellos aprobado por la Iglesia, fue una curación de un cámcer uterino verificado en el primer tercio del siglo pasado. La favorecida, doña María Vera de Jarrín, vivió más treinta años después del prodigio.

Arquitectura 

El monasterio ocupaba originalmente un terreno de 20,000 metros cuadrados. El encanto de esta ciudadela reside en la solidez y plasticidad de sus volúmenes, y la belleza que maestros y alarifes lograron en la arquitectura de esos recintos mediante soluciones arizantes como los arbotantes o la construcción de recias arquerías asentadas sobre pilares.
UNA DESCRIPCIÓN DEL CONVENTO

Para una interesante descripción del monasterio, citaré a la reconocida escritora francesa Flora Tristán, quien a su paso por Arequipa dejaría importantes testimonios de la ciudad colonial, en su libro “Peregrinaciones de una Paria”, en 1838. La cita está tomada d la revista Arkinka N. 31.
El Patio de la lavandería. Obsérvese el hermoso retranqueo de volúmenes con el que se resuelve esta esquina, que da lugar a una agradable placita.
En los interiores, las cúpulas y las cubiertas de bóveda amplían considerablemente el espacio y aumentan la sensación de fortaleza de los edificios. Se percibe así mismo, sobre todo en la zona de las callejas, la intervención de albañiles que, carentes de un diseño propiamente arquitectónico, fueron levantando muros, tejados, celdas, patios y portadas de sencillo planteamiento.
Desde el exterior se aprecia cómo la misma arquitectura ha marcado una estricta división entre el mundo del convento y el exterior. Un ancho muro de sillares rodea la ciudadela.
El actual edificio atesora espléndidas piezas de arte, como un altar barroco de madera tallada y dorada, de un cuerpo y tres calles, que exorna la capilla, y varias pinturas de la escuela cusqueña.
“La iglesia del convento es grande. Los adornos son ricos, pero mal cuidados. El órgano es muy hermoso, los coros y todo lo relacionado a la música de la iglesia es objeto de cuidados muy especiales de parte de las religiosas. La distribución interior del convento es muy extraña. Se compone de dos cuerpos de construcción, uno de los cuales se llama el antiguo convento y el otro el nuevo. Este último comprende tres claustros pequeños muy elegantemente construidos.


Las celdas son pequeñas pero ventiladas y muy claras. En el centro del patio hay un círculo sembrado de flores y dos hermosas fuentes que alimentan la frescura y la limpieza. El exterior de los cuadros está tapizado con viñas. Se comunica con el antiguo convento por medio de una calle escarpada. Es éste un verdadero laberinto compuesto de una cantidad de calles y callejuelas en toda dirección y atravesado por una calle principal a la que se sube como por una escalera. Estas calles y callejuelas están cerradas por las celdas que son a su vez otros tantos cuerpos de una construcción original.

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